Asier ROBLES

«O cambian pronto las cosas, o la pesquería artesanal desaparecerá»

Iñaki Ibáñez, un pescador artesanal del Cantábrico, alerta sobre las amenazas que genera la pesquería industrial tanto para el sector artesanal como para la biodiversidad de las costas. Greenpeace ha mostrado, asimismo, su rechazo a la granja acuícola que la empresa Balfegó pretende instalar en aguas de Getaria para engordar atún rojo.

Charla de Greenpeace sobre la situación de los océanos y la pesca artesanal.
Charla de Greenpeace sobre la situación de los océanos y la pesca artesanal. (Oskar MATXIN EDESA | FOKU)

Greenpeace ha realizado durante los últimos años un trabajo con el sector pes- quero artesanal para ver la problemática a la que se está enfrentando y estudiar las posibles soluciones. Según subraya, cada año los pescadores tienen más dificultades para encontrar pescado en el mar debido a los daños que causa la pesca industrial, el cambio climático y el aumento de la temperatura de las aguas.

Con el fin de dar a conocer de primera mano esta situación, el grupo ecologista organizó a bordo del buque Arctic Sunrise una charla con Iñaki Ibáñez, un pescador artesanal del Cantábrico, que expuso la precaria situación que vive su sector y cómo afecta esto a la biodiversidad costera.

Según contó, la costera del verdel era hasta hace cuatro años la temporada más importante del año para los pescadores artesanales, que lo realizan sin redes, con anzuelo y pescando uno a uno. «Teníamos un cupo limitado por barco y había para todos. Era una costera muy rentable económicamente para nosotros», explicó.

Además, esta temporada, que dura entre dos y tres meses (antes algo más) servía para dar un «descanso biológico» a la costa. «Cuando nosotros estábamos al verdel, que es una especie pelágica, durante ese tiempo, por parte de la pesca artesanal, se podría decir que no había ningún otro aparejo en la costa; ni palangres, ni redes... De esta forma autoimponíamos un descanso o paro biológico», explicó Ibáñez, indicando que algo parecido ocurría con la temporada del bonito.

Pero desde hace tres o cuatro años todo ha cambiado. Según Ibáñez, ha empezado una sobrepesca por parte de barcos industriales de hasta 120 metros de eslora que, con técnicas de arrastre pelágico, «arrasan con todo». «No solo pescan la mayoría del verdel o del atún, sino que, además, en sus redes acaban entrando muchas más especies que no quieren o no les valen para la venta y que acaban volviendo a tirar, muertas, al mar. Hacen un descarte abismal», denunció.

Remarcó que estos buques, aparte de pescar en el Cantábrico, van hasta las Islas Feroe (entre Noruega e Islandia), donde «se autoasignan cupos sin tener en cuenta los tratados de la Unión Europea».

«Como consecuencia, el stock de verdel en el Cantábrico es el 15% de lo que era antes. Lo que antes pescábamos en una hora, ahora lo hacemos en once. Antes, cada barco pescaba el 100% del cupo asignado sin ningún problema y ahora solo pescamos el 40% o 50%, e incluso hay pescadores que no llegan ni al 20%», alertó el pescador artesanal en la charla.

Ante esta escasez y la necesidad de pagar las facturas a final de mes, muchos pescadores artesanales abandonan la pesca del verdel y del bonito y se dedican a las redes por la costa u otras actividades, lo que hace que ese «paro biológico» que había antes desaparezca. «Muchas especies de la costa han decaído muchísimo, hay un retroceso brutal» señaló.

Además, los pescadores artesanales no pueden competir en precios con las pesquerías industriales. «Las conserveras españolas prefieren abaratar costes y comprar bonito de arrastre aunque sea de peor calidad. Por otro lado, muchas veces, el mercado de frescos no es capaz de acoger todo el bonito que pescamos nosotros», indicó. Ante esta situación, Ibáñez aseguró que el futuro de la pesca artesanal está «muy complicado». «O cambian mucho las cosas, o esta pesquería va a desaparecer en muy poco plazo de tiempo», concluyó desalentado.

Por oto lado, Greenpeace mostró su preocupación por la granja acuícola que la empresa Balfegó tiene previsto instalar frente a las costas de Getaria para el engorde de atún rojo en jaulas sumergibles.

Aunque la resolución publicada en el BOPV señala que «no se prevén efectos negativos significativos sobre el medio ambiente», Greenpeace denuncia que «generará impactos sobre los ecosistemas marinos de la zona y su biodiversidad, además de perjudicar la pesca artesanal».

«Se trata de una industria insostenible que genera impactos como la contaminación por nitratos y químicos, y contribuye a la sobreexplotación de los océanos», señalan los ecologistas.