Raimundo FITERO
DE REOJO

Lo que se considera normal

Es un tema, una disquisición, un precepto, una teología o un manifiesto, pero cuando sin pensamiento previo ni análisis de contenido ni contexto se considera normal algo, se puede caer en la mayor trampa que puede afectar a un campo amplio de circunstancias y situaciones. Se puede considerar normal el despliegue y gasto, las alharacas que se han visto y oído para celebrar los diez años de llegada al reinado de Felipe VI, que hace ver con sus festivales militares, sociales y emocionales como si la corona que representa, representara mucho más que la herencia de una decisión que viene del franquismo más puro y duro y que su antecesor en el cargo, su padre, es uno de los escándalos más impresionantes de lo que es la corrupción institucional y la impunidad que lleva nombre constitucional de inviolabilidad.

La campaña de convertir a la monarquía en lo normal es constante. La desinformación es perpetua. La manipulación informativa alcanza cuotas inverosímiles, por lo que todas las ceremonias con la princesa, la infanta y la madres de ambas, la periodista, forman parte de un bien estudiado plan de recalificación de palacios y otras dependencias. Cuesta encontrar una fisura en la campaña actual: Letizia Ortiz está tomando un protagonismo que puede abrir fisuras fantasmagóricas. Pero esa Casa forma parte de una estética que se compadece bastante mal con la realidad general, aunque quizás no choque mucho con los deslizamientos telúricos hacia la extrema derecha, de donde viene. En democracia, lo que se considera normal, es llegar a los cargos por votación, no heredarlos.