Salvemos el capitalismo
El Nobel de Economía del año dos mil uno, Joseph Stiglitz de ochenta y un años y con una hoja de servicios cargada de autoridad monetaria sin fisuras ideológicas, hace unas declaraciones que lo colocan en el escaparate popular como un novel estudiante o un novel tertuliano de una novel cadena estudiantil de inspiración cristiana. Tiene miga la cosa porque su idea fuerza es que hay que salvar al capitalismo de sí mismo. No se sabe exactamente para qué. Ni el porqué. Pero acaba su mensaje asegurando que si gana Trump eso va a ser difícil.
Entonces, para ir descifrando la profecía, si gana Biden hay probabilidades de salvar de una supuesta desaparición al capitalismo salvaje en el que nos movemos y que tanto defiende el anciano dirigente. Pero si es Trump el que vuelva a ser comandante en jefe del mayor ejército del mundo, según ese Nobel, las contradicciones nos colocarán en algún punto de fricción histórico que puede hacer que revienten los especuladores, los inversores deshumanizados, los bancos piratas de interés de palo y los fondos monetarios mundiales se conviertan en un pabellón de hospital de imposibles.
No se explican muy bien las razones, pero si esto sucede se puede considerar que estamos ante una posible forma surrealista de resucitar a Marx. Porque la plaga de populistas aparentemente descerebrados que están llegando a tener cuotas de poder institucional lo que proclaman es el triunfo de un capitalismo todavía más feroz, esa fobia malsana contra todo aquello que sea protección social a los más necesitados es un síntoma inequívoco.

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