GARA
BAIONA
DESAPARICIÓN DE UNA MUJER EN URRUÑA

«Pruebas claras» apuntan al marido de Zacchello, tirador deportivo

El procurador de Baiona, Jerôme Bourrier, compareció ayer ante los medios de comunicación para informar sobre la desaparición de una mujer de 43 años, vecina de Urruña. La búsqueda de Laure Zacchello sigue, aunque «la convergencia de distintos motivos llevan a apuntar al marido como autor potencial de un homicidio voluntario», explicó.

El procurador  Jerôme Bourrier, en una comparecencia anterior en el Tribunal de Baiona.
El procurador Jerôme Bourrier, en una comparecencia anterior en el Tribunal de Baiona. (Guillaume FAUVEAU)

«Las esperanzas de encontrar con vida a Laure Zacchello son escasas», reconoció ayer tarde el procurador de Baiona, Jerôme Bourrier, aunque apeló a la prudencia y al respeto a los tres hijos de la vecina de Urruña, desaparecida desde el pasado viernes, hasta que se aclare del todo lo ocurrido.

El representante del Ministerio Público confirmó que, bajo la tutela de dos jueces de instrucción, dadas las complejidades del caso, sigue la investigación para localizar a la mujer, de 43 años.

Bourrier remarcó que no se excluye ninguna hipótesis, y que todas «van a ser analizada con minuciosidad».

Sin embargo, el procurador aportó, a continuación, una batería de «elementos objetivos» que, tal como hiciera constar el lunes, cuando el marido de Zacchello fue presentado ante el juez, le llevan a sostener que la mujer «probablemente fallecida», pudo ser víctima de «un homicidio voluntario a cargo de su pareja».

El procurador Bourrier expuso que fue el viernes a media tarde cuando la hermana del marido acudió a la casa familiar, en Urruña, cuando sonó la voz de alarma de que «algo grave» había ocurrido en ese domicilio que la pareja compartía, pese a que se había separado a principios de año.

El procurador, que evocó «un proceso de divorcio que el marido no aceptaba», explicó que el presunto agresor fue hallado en el suelo, aparentemente inconsciente y con una herida en la cabeza.

Había una piedra junto a él, completando un cuadro que, indiciariamente, podría haber sido preparado al efecto de confundir a los investigadores.

Tras ser alertada la Policía, la inspección del domicilio arrojó ya toda una serie de elementos que llamaron la atención de los investigadores.

El bolso de la mujer con sus pertenencias personales, in- cluidos dos móviles, estaba en la casa, y su vehículo se encontraba aparcado a la puerta.

De las dos cajas fuertes con que contaba la vivienda, habían desaparecido varias armas que guardaba el marido, «oficial de reserva de la Gendarmería hasta 2020 y tirador deportivo».

El hombre, que fue tratado de sus heridas en un breve ingreso en el Hospital de Donibane Lohizune, apareció pronto como eventual sospechoso de haber simulado un robo con violencia para encubrir una posible implicación en la desaparición de Laure Zacchello que, pese a todo, sigue rodeada de misterio.

Bourrier aderezó esos datos de la inspección del domicilio, con los testimonios aportados por el entorno más cercano de la mujer desaparecida.

VIVÍA ATEMORIZADA

La mujer vivía atemorizada, hasta el punto de poner por escrito que llegó a «acostarse en el sofá con los niños» -de 5, 7 y 9 años- a la espera de la llegada del hombre del que quería divorciarse.

El procurador insistió en esa «mala aceptación» del fin de la relación por parte del marido, al que el juez envió el lunes a prisión provisional.

Y evocó parte de la declaración del sospechoso, seguidor, según indicó, de tesis de supervivencia. Durante el fin de semana que se prolongó la detención, habría divagado ante la Policía sobre la existencia de un refugio a prueba de catástrofes.

La Policía ha llevado a cabo distintas inspecciones y batidas, y sigue con una búsqueda en la que cada vez son menores las esperanzas de hallar con vida a la mujer. Bourrier destacó la personalidad fría y poco empática del presunto responsable de la desaparición de una mujer que su familia descarta que pueda ser voluntaria, porque Zacchello siempre llamaba sus hijos. El viernes, excepcionalmente, dejó a los niños con sus abuelos paternos para que disfrutaran de la fiesta de la música. No han vuelto a verla.