Espectáculo
La sociedad del espectáculo ha convertido a los escritores en pequeños showmans o showomans: presentaciones, recitales, lecturas, charlas, debates, conferencias, semanas, ferias… Ante todo lustre y pisto publicitario de mecenas para la institución organizadora, sea esta pública o privada, esas vergonzantes Fundaciones Culturales de corporaciones bancarias con inmorales y crecientes beneficios, por ejemplo.
Y por otra parte es un dinerito para esa familia mal avenida de los escribidores, a algunos de cuyos miembros ayuda en su precaria subsistencia, y a otros a engrosar sus pequeñas bestselleras fortunas. Qué soso es fulano, qué desilusión, oímos a menudo; o bien eso de: pero si no sabe ni hablar. Así que en lugar de tipas que se encierran a pegarse con las palabras, de tipos malhumorados o antisociales o de invencible timidez o ensimismados, los escritores han de volverse seductores y elocuentes agentes comerciales de sí mismos.
Por mi parte no asisto a evento alguno con literatos desde el día en que un desaprensivo presentador-dinamiz(t)ador consiguió que dos de mis escritores preferidos parecieran bobos; huí, y tardé en volver a sus novelas con la necesaria inocencia. ¿Qué necesidad hay?
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