Un escritor, activista y columnista vasco de corazón dominicano

Comencé siendo vasco, pero pronto fui también dominicano y, como insistí en seguir naciendo, ocurrió que también soy cubano, sandinista, saharaui, palestino, indio, negro, mujer…», le leíamos hace unos años a Koldo Campos. Escritor, dramaturgo, periodista, corrector, poeta, actor y guionista, el vasco-dominicano también ha sido uno de los columnistas más veteranos de GARA y de NAIZ.
Hombre discreto, desde 2006, cuando empezó su colaboración con este periódico, nunca quiso faltar a su cita con sus lectores. Tampoco lo hizo antes de hacer, como buen teatrero, su última salida de escena: su última columna salió publicada hace pocos días, el pasado 26 de junio. Con su humor irónico y surrealista, tan caribeño y navarro a la vez, seguramente en uno de sus artículos le hubiera sacado punta al dato.
Nacido en Iruñea el 14 de abril de 1954 y nacionalizado dominicano en 1983, Koldo Campos residía en Azkoitia desde hace casi dos décadas. Una combinación explosiva. Se rio suave cuando se lo dije el día que le entrevisté, en febrero de 2021, con motivo de la publicación de “Teatro”, un libro editado en la República Dominicana, donde se recopilaban sus textos teatrales más destacados.
El libro contaba también la intrahistoria de su vida en el país caribeño, con anécdotas hilarantes, surrealistas y trágicas. Por cierto, «gracias» a su pluma, este hombre pudo meterse, como actor, en la piel de Dios y de Cristóbal Colón (en “La verdadera historia del descubri… miento de América”).
El primer encuentro de este iruindarra con la isla del Caribe fue en 1980, al incorporarse, estando en Nicaragua, a una brigada dominicana que participó en la Campaña Nacional de Alfabetización que puso en marcha el Gobierno sandinista nada más empezar a ejercer el poder. Koldo Campos había estudiado Magisterio en Euskal Herria.
Con una de aquellas brigadistas dominicanas, Arlette “Oleka” Fernández, viajó al país caribeño y tuvo a su hija mayor, Irene, quien prologó precisamente la edición de “Teatro” (editorial Galipote, Santo Domingo).
Campos trabajó en el Centro Dominicano de Estudios de la Educación y, durante mucho tiempo, mantuvo paralelamente una columna muy leída en el periódico “El Nacional”, denominada “Cronopiando”. En este vespertino ejercía, además, de corrector de estilo. Allí se permitía alguna «maldad»: «En aquellos tiempos en los que, a falta de la llegada de los ordenadores, los errores se eliminaban con ayuda de un cutter y las correcciones se pegaban, era muy fácil para un hábil saboteador acometer imperceptibles mejoras en las opiniones ajenas. Así convertía a España como ‘unidad de destino’ en unidad de destiño; a la ‘pujante sociedad consumista’ en pujante sociedad comunista; o transformaba la ‘indecencia sandinista’ en decencia sandinista», relataba en sus divertidas memorias, tituladas “Peripecias procelosas y variopintas de un corrector y columnista vasco en la prensa dominicana”.
Aquel periódico, por cierto, parecía salido de una novela de García Márquez: periodistas que, como cobraban tan poco, vendían huevos; tardes de redacción cantando boleros... En abril de 2023, sus memorias recibieron una mención especial en la edición 63 del Premio Casa de las Américas de Cuba, pero que todavía no han sido publicadas por ninguna editorial.
En enero de 2006 regresó a Euskal Herria con su pareja, una cooperante vasca que conoció allí, con la que dos hijas más, Itxaso y Haizea, aunque nunca rompió el vínculo con la isla. De hecho, seguía manteniendo la ciudadanía dominicana. Los últimos años estuvo ingresado en la residencia San José de Azkoitia, sobre la que escribió en diferentes ocasiones: apoyando a los trabajadores de la residencia, denunciando la situación de Osakidetza... siempre certero, siempre directo, siempre comprometido.
Poeta y dramaturgo, entre sus obras se encuentran también los poemarios “Miermelada”, “The Chusma Herald” y “La Caja Negra”, así como varias obras teatrales y piezas para café-teatro. Su gran pasión era el teatro. En 2012, Campos fue uno de los ganadores del Concurso Literario Letras de Ultramar 2011, premio otorgado por el Ministerio de Cultura de la República Dominicana a los escritores del país que por diversos motivos han establecido su residencia fuera de su país de origen. Lo fue en el género de Literatura Infantil, con la obra “El rey necio”.
CORREGIR, CORREGIR...
Como buen corrector, enviaba sus artículos a la sección de Iritzia con días de antelación, aunque luego los completara con el reenvío de un par de versiones finales.
Xabier Izaga, quien desde esta sección recogió durante muchos años sus textos, lo define como «un hombre que daba muchas vueltas a los textos, porque para él era muy importante cuidar y mimar todo lo que escribía. Pero con eso no quiero decir que fuera picajoso, porque su actitud ha partido siempre desde la humildad. Era muy responsable pero, a la vez, humilde. Escribía muy bien, con un punto irónico, siempre poético y se percibía que era un hombre muy leído y que sabía de lo que escribía».
Koldo Campos no ha fallado tampoco al final a su cita con sus lectores, aunque en verdad ya se despidió antes de todos nosotros en una columna titulada “Gracias”, que fue publicada el 24 de enero pasado. Un texto poético, nostálgico y que acababa así: «(...) O podría ser el tiempo, que no acepta prórrogas ni se aviene a consensos y te cobra en ausencias las sonrisas perdidas, pero así el tiempo nuble la memoria y desvanezca tu nombre y mis palabras, por si acaso mañana no nos vemos… gracias».
Terminaremos este recorrido por su vida como él finalizaba todos sus artículos, con esta frase entre paréntesis: (Preso politikoak aske).

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