¿Ahora qué?
Estamos entretenidos con la huida de Carles Puigdemont y sus repercusiones políticas en términos generales. Seguir el relato de los responsables de los Mossos sobre lo que pasó detrás del escenario, es un acto de extrañeza. Las conclusiones sobre lo que va a condicionar en este presente y en un futuro inmediato, a poco más veinticuatro horas, son provisionales, temporales y fruto del deseo más que del análisis objetivo. Se vuelve a caer en un error metodológico, fruto de una ansiedad y urgencia agravadas.
La unificación de criterio llega de una manera sospechosa sobre el papel jugado por Puigdemont y a la espera de su nueva aparición, las especulaciones abren un abanico de posibilidades que escapan a cualquier oportunidad de aplicar criterios que no estén impregnados de pensamiento mágico, tozudez judicial u optimismo refractario partidista. ¿Lo sucedido juega a favor o en contra del propio Puigdemont y su partido? Parece que crece la sensación de que ha aumentado el descrédito, que nadie entiende bien lo que pasó ayer, porque mirando al escapista nos dejamos fuera de foco que ayer se produjo el primer encuentro para el traspaso de poderes entre Aragonés e Illa, y eso significa que la firma de las partidas políticas, sociales y económicas ha cambiado de mano.
Y eso es muy importante, porque eso es una parte sustancial de la realidad actual en Catalunya y si Puigdemont pasa a la reserva como prometió, la nueva etapa será algo inmediato y una verdad que puede afectar a la gobernabilidad en el reino de España. Por eso, la pregunta es pertinente, ¿ahora qué?

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