Movilización mundial
Hiperbólicas, tremendistas, exagerados unidos bajo la corona del desentendimiento y la filoxera del conocimiento, se encaraman a sus ventanas tácticas en redes y servicios de correveidiles globales que se propagan por la maraña de cable, antenas repetidoras y satélites para ir formateando una realidad imposible de reconocer ni de asumir sin entrar de urgencia en alguna congregación o en una farmacia ambulante.
Si colocamos el GPS de nuestra inquietud en Venezuela, en la misma Caracas, la verdad, lo cierto, lo que parece imposible de superar es el fenómeno de las actas electorales perdidas. Si la oposición, el cartel de Washington o el primo de Borja Mari tuvieran unas actas fiables para demostrar su supuesta victoria, las habríamos visto en todos sus formatos, medidas y ampliaciones. Por el otro lado, es sospechoso a más no poder que el gobierno de Venezuela no muestre esas actas que según sus cuentas les dan la victoria por un porcentaje escueto. Seguramente habría que situarse en un pedestal en el desierto de la frecuencia modulada y pensar que todos mienten. Por lo que esa convocatoria para un movilización mundial con el fin de que Maduro abandone es un brindis al sol.
Porque un año más la herida de la desinformación, la sospecha más que razonable sobre los cuerpos policiales estatales y la policía patriótica en marcha cuando el atentando en las Ramblas barcelonesas de un diecisiete de agosto de dos mil diecisiete, nos hiela el aliento. Hay que esforzarse mucho para no reactivar la hiel que acampó en nuestra memoria de manera indeleble.

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