Natxo MATXIN
OSASUNA

El líder también sufre en propias carnes la gran fortaleza de El Sadar

Los rojillos firmaron una sobresaliente primera parte en la que se adelantaron por partida doble, sufrieron al inicio del segundo periodo, pero se sobrepusieron para repetir un resultado de 1984.

Budimir, bigoleador, abraza a Bryan tras lograr el malagueño el 2-0 al filo de la media hora.
Budimir, bigoleador, abraza a Bryan tras lograr el malagueño el 2-0 al filo de la media hora. (Idoia ZABALETA | FOKU)

Desde enero de 1984 Osasuna no le ganaba al Barcelona por 4-2, en un memorable partido con Maradona como invitado de lujo. El encuentro de ayer no le quedó a la zaga. La escuadra navarra firmó una sobresaliente primera parte en la que se adelantó por partida doble, le tocó sufrir al inicio del segundo periodo, pero logró recomponerse para en los últimos veinte minutos volver a asestar otros dos golpes a un líder que pretendía igualar su mejor inicio liguero y que se acabó quedando con su primera derrota del curso.

Sobre lo previsto, los visitantes llevaron la iniciativa, mientras los anfitriones apretaban su salida de balón y después defendían ordenados en propio campo. Lo que no estaba en el guion es que también supieran hacerle mucho daño al líder. Areso avisó con un disparo no demasiado cruzado en el 15 y Budimir dio el primer picotazo tres después.

Aimar recogió un balón en propio campo, lo trasladó al contrario y combinó medido con Bryan que, tras recorte a Koundé, puso el balón en la cabeza de Budimir para que el croata se encontrase con el gol en esta temporada. No quedó ahí la cosa, la tendencia se acrecentó. El Barcelona arriesgó más a la búsqueda del empate y Osasuna, de nuevo, se lo hizo pagar con una jugada bastante similar a la del 1-0.

Otro robo en la medular cayó en las botas de Pablo Ibáñez, que vio con mucha viveza el desmarque de Bryan y le puso una pelota al espacio que el malagueño definió a la perfección ante la salida de Iñaki Peña, con pisada incluida para mayor regocijo de la grada en el 28. Eficaces, pero también sólidos en defensa, los rojillos solo permitieron una peinada de Koundé segundos antes del descanso.

SUFRIR Y DISFRUTAR

El bloque azulgrana salió a por todas tras el descanso y tocó apretar los dientes. Herrera pasó del cielo al infierno. De pararle un chut a bocajarro a Lewandowski (m.53) a protagonizar un mal saque con la mano en el mismo minuto y ver cómo Pau Víctor le metía un gol de chiste al pillarle a contrapié. Los de Vicente Moreno supieron convivir con el agobio y esperaron, pacientes, a su momento. Llegó en el 71, cuando Sergi Domínguez trabó a Budimir en el momento en el que el balcánico se aprestaba a culminar una contra. Transformación de la pena máxima por el propio ariete.

El 3-1 dio mayor tranquilidad y las prisas se cebaron en el adversario. La guinda la puso el golazo de Bretones, que no permitió salir al Barcelona tras un rechazo y se sacó un misil que se coló pegado al poste (m.85). Éxtasis en El Sadar, aunque todavía tocó sudar tras el 4-2 de Lamine Yamal por la escuadra (m.90). Osasuna es el mejor local del campeonato y su estadio, todo un fortín.