«El rock se ha convertido en algo demasiado ‘legal’»
Una de las bandas más míticas de la escena rockera en Bizkaia están de vuelta, tras treinta años de pausa, que muchos y muchas pensaron que sería definitiva. Por este motivo, hemos querido charlar con ellos en uno de sus cuarteles generales: el Pelotazo de Portugalete.

Para comenzar, ¿cuándo hablan por primera vez del reencuentro que se hizo realidad en el concierto de Txiberri?
Edorta Arostegi: En octubre me encuentro con Juantxu, de Platero y tú, y hablamos de que ya no nos juntábamos más que cuando palma algún colega, o para hacer homenajes a compañeros, como la última vez que nos subimos al escenario juntos los Flying, con gente de Zer Bizio? y Platero en el Azkena, para homenajear a “El Pelos”. En aquella ocasión, tocamos tres o cuatro canciones de cada banda, algo muy diferente a lo de Txiberri.
¿Cómo fue la primera toma de contacto a la hora de preparar aquel concierto?
E.A.: Cuando nos juntamos en el local hubo muy buenas vibraciones; hasta que no vi lo que sucedió, yo nunca hubiera pensado que volveríamos a trabajar juntos. Además, el repertorio salió muy fluido y ya estamos con ganas de trabajar y sacar canciones nuevas, pero todavía no nos hemos puesto con ello, porque ahora estamos muy centrados en preparar el show de Santana 27.
¿Cuántas veces les han dicho eso de: «¡A ver cuándo os juntáis de nuevo!»?
G.B.: La verdad que bastantes, pero las cosas pasan cuando pasan, y durante estos años cada uno hemos estado con otros proyectos. Y cuando hablamos con Juantxu, y surgió la idea de juntarnos, no nos podíamos ni hacer a la idea de lo que iba a suceder después. Siempre estaba ahí esa incertidumbre de ver qué iba a pasar cuando nos juntáramos en el local. Y lo que pasó fue la hostia porque veías que había cambiado nuestro aspecto, pero que la historia seguía siendo la misma.
E.A.: Parecía que habíamos estado ensayando la semana anterior; lo de Lalo fue una pasada, hicimos como una especie de bolo en Grabasonic, e hizo todas las canciones a la primera… no sé qué es lo que pasa pero es como que todo está metido en algún sitio del cerebro, porque yo ni me había mirado las letras, pero me las sabía todas…
Y supongo que, una vez que suben al escenario, todo es más fácil al ver al público con tantas ganas ¿no?
E.A.: Yo no era consciente de que había tanto hambre. La idea inicial era hacer algo pequeño, como en el Azkena, pero cuando sacamos las entradas ya vimos que tendríamos que ampliar aforo, y al final llegamos hasta los 800. No me lo podía creer, nunca había sentido esa masa de cariño, estaba cagado antes de salir, pero en el minuto 1 se me quitó toda la preocupación y pensé: «¡Somos hermanos, estamos todos y no hay de qué preocuparse!». Es algo muy difícil de explicar con palabras.
G.B.: Además, había muchísima gente joven que nunca nos había visto, pero se sabían todas las canciones… fue un concierto muy bonito y emocionante.
¿Cómo han visto el panorama al volver? ¿Creen que se está perdiendo un poco la esencia rockera?
G.B.: Ahora hay muchos garitos, pero se ha banalizado el tema, también hay muchas bandas de versiones… se toca mucho, pero se le resta importancia al hecho de tocar y es casi como música de fondo.
E.A.: Yo no he ido a muchos conciertos en los últimos años, porque he estado navegando, pero sí que he visto un cambio importante: el grito de guerra en nuestra época era «hoy es una buena noche para morir», y tanto el público como los músicos íbamos a rompernos la crisma en el escenario y había mucha efervescencia en los conciertos; y ahora veo muchos “consumidores del rock”, y que el rock se ha convertido en algo demasiado legal, muy “para todos los públicos”, pero bueno… no es lo mismo sudar como un perro con 20 años que con 50, y la gente en los conciertos está un poco más como contemplando y mirando cómo tocan los músicos.
G.B.: En estos 30 años, se ve que no hay demasiado relevo, y el rock también ha evolucionado hacia otros lugares, y la gente ha aprendido a ver conciertos, y a valorar otras cosas.
T.A.: Además, la gente tiene que seleccionar mucho dónde va, porque hay muchísima oferta, tú coges la agenda cualquier semana y hay bolos en todas partes. A lo mejor también hay algo de sobresaturación…

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