Gaizka IZAGIRRE
HERNANI
TODA UNA VIDA

Sobre la resistencia y el paso del tiempo

Sigue la vida de Andreas Egger a lo largo de ocho décadas en el siglo XX. Ambientada principalmente en un valle alpino la película captura una narrativa íntima y melancólica sobre lo que significa llevar una vida plena, incluso en las circunstancias más difíciles.

El apartado visual es el aspecto más potente de la obra. Steinbichler logra recrear visualmente el contraste entre la belleza natural de los Alpes y la dureza de la vida de Egger, apoyándose en la espectacular fotografía de Armin Franzen y una dirección artística que evoca la atmósfera austera de la época. Estos escenarios no solo embellecen la película, sino que también refuerzan la conexión entre Egger y la naturaleza, tema central en la obra. La música de Matthias Weber subraya la melancolía de la narrativa, envolviendo al espectador en un tono nostálgico. El despliegue visual imponente y la narrativa minimalista se transforman en un reflejo íntimo de los pensamientos del protagonista.

En los primeros compases del film asistimos a una etapa cargada de dramatismo para el protagonista; paradójicamente la espectacularidad visual que citaba interfiere demasiado y conforme avanzan los minutos no consigue explorar en profundidad las heridas asociadas a estos traumas. Las imágenes que vemos son impresionantes, pero engullen en cierta medida al propio guion. El director busca explorar la esencia de la condición humana mediante una narraitva pausada y un despliegue visual delicioso. Sin embargo, su intento por alcanzar el calado emocional necesario se queda en la superficie, dejando a la historia con menos impacto del que su potencial prometía.

Aunque no siempre logra alcanzar la profundidad emocional que pretende, es una obra tremendamente especial y bonita, que invita a valorar los pequeños momentos que componen nuestras vidas.