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ALEPO
EL INFIERNO EN GAZA INCENDIA ORIENTE MEDIO

Colapso del Ejército y avance yihadista en varias provincias sirias

Las fuerzas yihadistas respaldadas por Turquía continuaron su avance en Siria, tomando la ciudad de Alepo, completando el control de la provincia de Idleb y progresando en Hama, ante el colapso del Ejército sirio, que llevó a cabo una retirada que calificó de «temporal». Actores implicados, como Turquía, Rusia e Irán, mueven a la vez sus piezas en el campo diplomático.

Milicianos de las fuerzas yihadistas ante la histórica Ciudadela de Alepo.
Milicianos de las fuerzas yihadistas ante la histórica Ciudadela de Alepo. (Anas ALKHARBOUTLI | DPA-EUROPA PRESS)

Los yihadistas de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), antigua rama siria de Al Qaeda, y milicias afines respaldadas por Turquía se hicieron ayer con el control del aeropuerto internacional de Alepo tras tomar casi toda la ciudad, toda la provincia de Idleb, en el noroeste, que ya controlaban en gran parte, y avanzar en el norte de la provincia de Hama.

En Idleb capturaron la estratégica ciudad de Maarat al Numan, desde 2020 en manos del Ejército de Siria, y afianzaron así su control de la totalidad de la provincia, enlazando con la provincia de Hama.

Los yihadistas lanzaron el miércoles la ofensiva desde las provincias de Idleb y Alepo, tomando decenas de localidades antes de entrar en la segunda ciudad siria el viernes.

Incluso llegaron a tomar la Ciudadela, donde ni siquiera en la cruenta batalla de Alepo entre 2012 y 2016 llegaron a entrar. Ayer marcharon por las calles, posaron frente al castillo, instalaron su bandera frente a una comisaría de policía y arrancaron retratos de Al Assad.

La ofensiva relámpago pilló por sorpresa al Ejército que apenas ofreció resistencia y confirmó su retirada de Alepo, al igual que la policía y las autoridades, tras haber sufrido decenas de bajas, pero aseguró que se trata de una medida temporal a la espera de la llegada de refuerzos para preparar un contraataque.

Los yihadistas duplicaron el territorio bajo su control en unas horas, un avance que en la anterior fase de la guerra costaba años. El colapso sirio resulta de una falta de vigilancia e Inteligencia del Ejército y un exceso de confianza en la fuerza aérea de una Rusia ocupada en la operación en Ucrania, con intereses diferentes al de sus aliados iraníes, y un Hizbulah debilitado.

Según el opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en Londres, al menos 327 personas han muerto en cuatro días de ofensiva de HTS, entre ellas 44 civiles.

Combatientes de la alianza liderada por kurdos Fuerzas de Siria Democrática (FSD), que ya controlaban algunos vecindarios, se desplegaron en varios barrios del noreste de Alepo tras la retirada del Ejército sirio. A la vez, los vecinos de la ciudad comenzaron a desplazarse hacia el barrio septentrional de Sheij Maqsud, así como hacia las áreas del país controladas por las fuerzas kurdo-sirias.

Las FSD también se desplegaron inicialmente en el aeropuerto de Alepo, pero se retiraron horas más tarde ante el avance yihadista.

Al mismo tiempo, aviones de combate de Rusia bombardearon los barrios periféricos del oeste de la ciudad y varios puntos de la provincia de Idleb, intentando sin éxito frenar el avance insurgente hacia el sur. Se trata de los primeros bombardeos rusos desde 2016, año en el que el régimen recuperó el control de la ciudad.

Fuerzas proturcas acompañaron la ofensiva con el bombardeo de Tal Rifaat, bajo control de administración kurdo siria, y de donde las fuerzas rusas evacuaron su base. La sorpresiva ofensiva yihadista vuelve a atizar la latente guerra siria, iniciada en 2011 y que dejó medio millón de muertos.

La intervención de múltiples actores regionales y globales, con intereses divergentes, la conectan con varios conflictos, comenzando por el de Líbano y Palestina. Y cada uno reposiciona ahora sus fuerzas en el campo de batalla y el diplomático.

Precisamente, el ataque se lanzó el mismo día en que se anunciaba el acuerdo de alto el fuego entre Hizbulah e Israel en Líbano, y cuando la formación chií libanesa se encuentra debilitada por la operación israelí, que ha acabado con buena parte de su dirección. Además de atacarla en Líbano, Israel ha lanzado en el último año múltiples ataques contra combatientes y bases de Hizbulah en territorio sirio y ayer mismo bombardeó de nuevo la frontera sirio-libanesa.

MOVIMIENTOS DIPLOMÁTICOS

A la vez, la postura de Turquía parece dar un giro tras buscar restablecer relaciones con Damasco, un movimiento que chocó con la exigencia de Siria para que Ankara retire sus tropas del norte del país y deje de apoyar a grupos insurgentes.

El ministro de Exteriores turco, Hakan Fidan, aseguró ayer que su país «no interviene en los combates que tienen lugar en Alepo» y que no lanzará «ninguna acción que pueda desencadenar una nueva ola migratoria». Fidan se puso en contacto con su homólogo ruso, Sergei Lavrov, y ambos expresaron su «preocupación» por la «peligrosa evolución de la situación».

El titular de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, también habló con Lavrov, y pidió que Irán y Rusia se coordinen para hacer frente a la ofensiva que, a su juicio, responde a un plan sionista-estadounidense. Araghchi viajará hoy a Damasco y el lunes a Ankara.

Moscú, embarcada en sus propios conflictos, debe decidir ahora su movimiento en Siria, donde en 2018 ya permitió el avance turco frente a los kurdos. Con el apoyo militar crucial de Rusia, Irán y Hizbulah, el Gobierno sirio recuperó el control de gran parte del país en 2015 y de toda la ciudad de Alepo en 2016.

Pero vastas regiones todavía escapan a su control: las zonas de Kurdistán (Rojava) y el este del país, bajo control de las fuerzas kurdo-sirias con apoyo de EEUU; la región de Al-Tanf, al sur, bajo control insurgente y con bases de EEUU; y la provincia de Idleb y áreas de Alepo, Hama y Latakia, tomadas por los yihadistas amparados por Ankara y por el propio Ejército turco. Además de la actividad persistente de células del ISIS.