El espacio inexistente
Una de las concentraciones más densas es la formada por personas de diferentes edades y géneros que ejercen (o han ejercido) la crítica de artes escénicas en medios generalistas. Y si eso sucede en Rosario (Argentina) en el aniversario de la toma de posesión de Milei y bajo la sombra de unas propiedades de Messi, el contexto del festival Experimenta rebosa de nostalgia, vindicaciones y certezas.
¿Para qué sirve la crítica? Era el enunciado de la mesa redonda y de repente se abre una ventana a lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos. Porque, yo insisto en hacerme la pregunta una y mil veces, ¿para qué sirve la crítica? Y acabar instalado en la simpleza total utilitarista donde se pone el yo por delante, el capricho, el ánimo vengativo o redentor de quien firma algo escrito con pocos recursos tras escrutar un espectáculo.
Y lo que esa congregación de personas con muchos quinquenios, muchas toneladas de letras impresas a sus espaldas y conciencias manifiesta de manera evidente el reconocimiento de la falta de espacio en el papel, aquí mismo, o en medios de Buenos Aires, Madrid o Nueva York y la sensación de que, en lo digital, existe una competencia volcánica, sin avales: los blogs, las redes sociales, los espontáneos con inconsistencia conceptual manifiesta.

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