Fascinación acrítica
Cuando una consejera de la Generalitat catalana declara que «hoy es un día histórico. Este proyecto refuerza nuestra posición como Gobierno que apuesta por las tecnologías disruptivas. Más que una infraestructura, es toda una declaración de intenciones de liderar esta nueva era de la IA de forma sostenible y ética», debemos subirnos inmediatamente al carro de la fascinación acrítica propiciada por estas expresiones tan floridas para anunciar que en Barcelona se instalará una de las siete grandes «fábricas de IA».
Las fábricas de IA son ecosistemas dinámicos que fomentan la innovación, la colaboración y el desarrollo en el campo de la IA. Reúnen los ingredientes necesarios (capacidad informática, datos y talento) para crear modelos de IA generativos de vanguardia. Funcionan como centros que impulsan avances en las aplicaciones de IA en diversos sectores, como la salud, la fabricación, el clima, las finanzas y muchos más sectores. La Comisión ha identificado el establecimiento de fábricas de IA como una prioridad para ir dando forma al futuro digital de Europa.
Si la consejera Nuria Montserrat proclama estamos ante una tecnología disruptiva, es decir que produce rotura o interrupción, y para su desarrollo se destinan una respetable cantidad de millones de euros con la intención de ayudar a las empresas a construir sus propias fábricas de IA generativa, un modelo operativo en el que la IA se convierte en el motor que impulsa la toma de decisiones, la automatización y el crecimiento, debemos poner nuestros bits a remojar porque empezamos a ser sustituibles, residuales.

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