A las puertas de la sexta victoria y de entrar en puestos europeos
La Real y el Las Palmas empataron sin goles en un partido intenso, en ocasiones bronco, y en el que ambas escuadras tuvieron oportunidades claras para marcar pero no acertaron. Los donostiarras pierden la ocasión de auparse al quinto puesto.

Querían la sexta, pero no fue posible. No se puede decir que la Real no se hubiera desfondado en busca de los tres puntos, pero se topó con un Las Palmas también enrachado que se defendió con firmeza y salió con peligro cuando pudo. De hecho, los canarios tuvieron tres oportunidades clarísimas, pero entre Remiro y los palos se volvió a mantener la portería impoluta. Cuando no puedes ganar, al menos conserva el punto.
El entrenador Imanol Alguacil cambió cuatro elementos respecto al once que pasó por encima del Dinamo de Kiev el pasado jueves. Javi López entró por Aihen Muñoz en el lateral izquierdo, Martín Zubimendi y Sucic regresaron por Urko González de Zárate y Olasagasti, y Sergio Gómez volvía a la titularidad en detrimento de Becker. El resto, siete básicos como Remiro, Aramburu, Zubeldia, Aguerd, Brais, Kubo y Oyarzabal.
Enfrente, un adversario con viejos conocidos como Sandro -titular y que llegaba de hacer un doblete ante el Valladolid- o un Januzaj, suplente, que desde que se fue de Donostia no levanta cabeza. Nutrida presencia de afición “pío pío’ y excelente sintonía, con ambas mascotas saludando juntas a la grada en los prolegómenos.
Antes de iniciarse el partido, Anoeta entero y en pie guardó un atronador minuto de silencio por Koldo Anza, trabajador de la Real durante varias décadas y que ha fallecido esta semana.
Los locales comenzaron intentándolo de lejos, con sendos disparos de Sucic y Zubimendi que se escaparon por poco. Las Palmas pudo adelantarse en una mala cesión de Zubimendi en la que Remiro dudó en salir pero luego resolvió la papeleta en el mano a mano ante Mata. El de Cascante volvió a estar brillante en un contrataque perfecto que Moleiro no pudo culminar. Segundo aviso.
OYARZABAL, A LA CRUCETA
La reacción no se hizo esperar y Mikel Oyarzabal -que llegaba enrachado, con un doblete ante Kiev y sendos goles en las dos últimas jornadas ligueras- pudo marcar con toda la portería para él, pero ajustó tanto su disparo que lo repelió la escuadra. La recta final de la primera mitad se caldeó, con un fútbol más bronco, algunas entradas feas y especial protagonismo en este capítulo para el portugués Essugo. A partir de ahí, el arbitraje de Munuera Montero desquició a tirios y troyanos.
En la reanudación Las Palmas tuvo su tercera oportunidad diáfana. Sandro casi cumple “la maldición del ex” en una jugada clavada a la de Oyarzabal, con el cuero repelido por la madera. La Real no encontraba la llave hacia la meta de Cillessen y en el 65 Imanol metía piernas más frescas con Barrenetxea y Olasagasti por Kubo y Brais.
Barrene estuvo cerca de repetir lo de los últimos partidos, salir y besar el santo, pero su primer disparo salió muy centrado y el segundo lo mandó a córner el meta neerlandés. Tampoco Sergio Gómez acertó en el 75, con los locales ya volcados y el partido convertido en un carrusel de ida y vuelta. Con más tensión que juego, los minutos iban cayendo. Oskarsson tuvo la última, pero el marcador no se movió y ambas escuadras tuvieron que conformarse con un empate que frena su racha triunfal pero que al menos no la corta del todo.

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