XOLE ARAMENDI
DONOSTIA
Entrevista
Dolores Redondo
Escritora

«Espero tener vida suficiente para escribir las novelas que tengo dentro»

“Las que no duermen, NASH” empieza con una mujer cayendo por una sima. En sus últimos instantes de vida, conjura una maldición. La novela de ficción tiene ecos de diversos crímenes reales, entre ellos el de Juana Josefa Sagardia y sus seis hijos en la sima de Legarrea. Con esta segunda entrega de una cuatrología vuelve a Baztan, a Elbete, concretamente.

(Andoni CANELLADA | FOKU)

Dolores Redondo (Trintxerpe, 1969) tuvo conocimiento de Juana Josefa Sagardia a través del hallazgo de Paco Etxeberria y su equipo. Le preguntamos por la reflexión que hizo que años más tarde incluyese lo sucedido en su libro. «El impacto de la historia en sí misma y el hecho de que hubiera ocho cuerpos en la sima y ningún culpable ha pagado por ello de los crímenes me llamó la atención. Yo ya en la Trilogía del Baztan me había inspirado en un caso real, el de la secta satánica que asesinó a una bebé. Sus padres pertenecían al grupo. Me fascina que en tan pocos kilómetros se sigan produciendo ese tipo de crímenes que están ligados a algo más místico», señala.

Su tesis es que fue por una acusación de brujería, no por motivación política ni ajuste de cuentas. «Solo Juana Josefa, sus niños y los desalmados que los empujaron ahí dentro saben lo que pasó y qué razones les movieron pero todo hace indicar que fue por puro odio a ella por lo distinta que era. No cuadraba en los cánones de cómo tenía que ser una mujer de la época. Practicaba la antigua religión, no iba a la iglesia, hacía sus propios remedios. Decían que era bruja. Qué iban a decir, lo que decían de las mujeres que eran distintas… la odiaban».

Muchas mujeres han pagado por ser distintas. «El título de la novela es un homenaje a ellas. Las mujeres cuando se despertaban a mitad de la noche debían permanecer en su cama, no podían levantarse. Los hombre sí, porque podían dedicarse a labores de vigilancia. Las mujeres inquietas tenían que rezar hasta dormirse porque se consideraba que su espíritu, más débil que el del hombre, era más vulnerable al mal, que les hacía creer ideas extrañas como el de querer tener más libertad, reclamar más espacio, control sobre su propio cuerpo… No estar bajo el yugo de su padre o su esposo», prosigue.

PUNTO DE VISTA DE LA VÍCTIMA

Que la protagonista del libro, Nash Elizondo, sea psicóloga forense le permite incluir precisamente los aspectos relacionados con la mitología vasca y las leyendas. El nombre de Nash viene de las siglas del código forense sobre las causas de la muerte: natural, accidental, suicidio u homicidio. «En la mayoría de las novelas de género negro los investigadores son policías, forenses o jueces. Este tipo de forense precisamente es una vuelta de tuerca en la investigación. No toca el cadáver, realmente se convierte en la psicóloga de los muertos. Lo que hace es intentar saber cómo estaba la víctima en el momento de su muerte. Al no tene al paciente delante, usa toda la información que existe sobre él a través de su teléfono, las compras que hacía, la música que escuchaba, la comida… todo da una información. Las motivaciones pasan a segundo plano. En los documentales y en los ‘true crime’ los protagonistas son los agresores, no las víctimas», afirma.

Una de sus motivaciones al escribir sus novelas es investigar en torno a la crueldad del ser humano. ¿Ha llegado a alguna conclusión tras los libros escritos? «Hacer denuncia es algo inherente a la novela negra. No tanto investigar, que les corresponde a los expertos en comportamiento. Yo me decanto por la injusticia contra las mujeres, y contra los niños y ancianos. Personas que no pueden levantar la mano para decir ‘No’ cuando son agredidos», afirma.

Ciertas dosis de misticismo e ingredientes de la novela negra. Esta es la fórmula de Redondo. La autora lo llama “Mystic Noir”. «Lo inauguré con ‘El guardián invisible’. Fue un libro bastante llamativo porque muchas voces dentro de la novela negra me decían que no se podía introducir la magia en un libro del género. Precisamente porque todo lo que tiene que ver con la magia se sale de la investigación, si la hay. No puede cuadrar nunca con la realidad. Pero ahí estoy yo con mi ‘magia’ de Baztan, que no es magia sino misticismo, que sí cuadra. Porque en la mística entran todas las cuestiones que tienen que ver con las creencias, con la tradición oral que nos ha sido transmitida, con la mitología, las religiones, las sectas, con todo lo que las personas pueden creer llegando en algunos casos a matar por ello. La cuestión no es si tú te crees que sacrificando un bebé demoniaco vas a acabar obteniendo favores. Eso es lo de menos. Lo que importa es que hubo quien lo creyó y fue capaz de hacerlo», incide la escritora.

PEGADO A UN TERRITORIO

Redondo considera que para que lo ficcionado y narrado tenga visos de realidad tiene que estar pegado a un territorio donde eso se dé de verdad. «Desafortunadamente ahí están el caso de Lesaka, el de Gaztelu y decenas más. En esta zona se dieron muchísimos casos de presunta brujería, de denuncias falsas a vecinos, de abusos, de autoinculpaciones de gente que no sabía ni leer… La documentación del Museo de la Brujería de Zugarramurdi recoge las actas de declaraciones de mujeres que decían haber participado en un akelarre. Así lo afirmó quien escribió el documento, porque ellas se limitaron a firmar con una X porque no sabían ni escribir… Todo este tipo de abuso».

Nash Elizondo, Amaia Salazar -esta última se vuelve a encontrar con los lectores-, las Mitxelena… crean una red en la que se apoyan y se cuidan mutuamente. «Lo hacen de una manera muy natural y muy espontánea. Ya ves que las Mitxelena son absolutamente irreverentes, fuera de ningún control ni circuito. Me ha encantado escribir sobre ellas porque representan muchas rebeldías que veo a mi alrededor. De hecho, están inspiradas en una parte de mi familia, las verdaderas Mitxelena… Me gustó cómo funcionó cuando empecé a escribirlo. La relación entre ellas y sobre todo cómo se relacionan con Nash. Ella viene en un momento muy sensible de su vida. Está al frente de la investigación y también está intentando averiguar a dónde pertenece, quién es realmente. Y ellas la ayudan a deshacerse de muchas cargas que tiene asumidas. Me encanta cómo ha quedado la relación porque es así como me gusta que nos tratemos las mujeres», indica.

Escribe todos los días. «El escritor bilbaino Félix G. Modroño dice que la diferencia entre ser autor y ser escritor es que los primeros sí pueden decidir sobre qué escriben. A los escritores nos nace una novela dentro y no sabemos de dónde sale, no va unido a una decisión. No eres tan libre, créeme. Es algo que se gesta en el interior y lo tienes que sacar», dice la escritora pasaitarra.

Confiesa que no sabe de dónde surgen sus historias. «Norman Miller decía que la escritura es un arte espectral. Así lo creo yo también. No sé de dónde nacen las historias. En parte son decisiones. Piensas ‘quiero una protagonista femenina, quiero que no sea el típico policía’. ¿Por qué un día escuchas el informativo y una noticia te llama la atención sobre el resto? Una de pronto deja su simiente ahí y empieza a crecer algo y vas enlazando con otros temas. De verdad que no sé cómo funciona. Este es un proyecto de cuatro novelas, estoy escribiendo ya la tercera y tengo más. Espero tener vida suficiente para escribir todas las novelas que tengo dentro. Hay otra cosa que tampoco sé cómo funciona, sabes cuándo es el momento de escribir una u otra, y a veces no van en el orden en el que se te van ocurriendo», explica.

VIVIENDO EN ELIZONDO

Ha pasado dos inviernos escribiendo su último libro en Elizondo. «Tratándose de una novela como esta tan pegada a Elbete ha sido maravilloso estar en el pueblo. Cada tarde, tomarte un ratito para pasear hasta Elbete desde Elizondo y estar más cerca de la manera de vivir que quería reflejar es puro placer. Me encanta. Te aseguro que es el ideal que tenía en mente de pequeña e imaginaba ser escritor, tener una casita con chimenea y poder escribir sin que nadie te moleste y dar paseos bajo la lluvia y estar en un emplazamiento idílico donde te inspire la naturaleza y el agua».

Reconoce que le encanta escuchar una buena historia. También contarla. «Yo soy la hija mayor y escuché muchas historias narradas. Luego me tocó contárselas a mis hermanos y primos».

Tiene un “cameo” en la novela. «Es maja pero también es rara ¿no?, mirad las cosas que escribe», afirma una vecina del pueblo sobre “la Redondo”. «Hay algo que no me pasa ni en Cintruénigo ni en Donostia, pero sí en Elizondo. Viene tanta gente a ver los escenarios de la novela que me ha ocurrido muchas veces que hablan de mí en mi presencia, sin que me reconozcan. Te produce una sensación de extrañeza, de que la Redondo es otra persona, no eres tú. También he escuchado el comentario de ‘qué vida habrá tenido esta pobre chica para escribir eso’. Me choca y me parece bonito también», cuenta.