Rainundo FITERO
DE REOJO

No, no y no

Da lo mismo lo que se entienda de mi actitud reflejada en una energía que cauteriza todas las ausencias, pero he empezado el día con una inusitada positividad producto de una reacción alérgica a la maldita metarrealidad embolsada y etiquetada del conjunto de los poderes a los que servimos por omisión la mayoría de las veces. No, y mil veces, no e insistiré hasta la calumnia, no voy a escribir ni una línea sobre el cuñado de Urdangarin y sus aires de alguien influyente en ese ritual obsceno de su discurso penitenciario. No, no lo he visto. Ni quiero ver las reacciones ortopédicas de unas y otras, y ya he dicho claramente que no. No, no y no. Punto.

Porque la mirada general por el periscopio entre polvorones y compota de manzana me hace vislumbrar que en Francia han enloquecido, están en una regresión que es necesario analizar fuera del contexto y dentro del ancestro. Hay un gobierno bastante reincidente cuyo primer ministro es el derechista François Bayrou, en el que aparece Manuel Valls. Repito. El ministerio de Ultramar (tiene guasa el nombre) lo tiene ahora Manuel Valls, que fue primer ministro hace unos años con Hollande y después candidato a la alcaldía de Barcelona. Es decir, un croupier de la política, un filibustero jacarandoso, una de las confirmaciones de la existencia de seres que tienen una clara misión: hacer que la ciudadanía desconfíe de manera radical de las propuestas partidarias y políticas y se entregue a la superchería de las extremas derechas que prometen lo aparentemente imposible, pero tangible. No, no y no. No existen casualidades.