El último triunfo bilbaino en Tenerife sigue siendo el 31 de diciembre de 2014
Los hombres de negro manejaron bastante bien el ritmo del partido durante los 20 primeros minutos, pero fueron presa de la escuadra lagunera después del paso por los vestuarios. Huertas, Sastre y Shermadini, brillaron frente a los de Jaume Ponsarnau.

El 31 de diciembre de 2014, Bilbao Basket, dirigido por Sito Alonso y con jugadores como Quino Colom, Marko y Dejan Todorovic, Raül López, Alex Mumbrú, Germán Gabriel y Latavious Williams, se impuso por 68-85. Aquel partido tuvo como gran jugada un increíble mate de Mumbrú por encima de Luke Sikma, pero, en realidad, aquel encuentro fue un hito, porque supuso el último triunfo de los hombres de negro en San Cristóbal de La Laguna. No hay manera de que los bilbainos vuelvan a ganar en tierras tinerfeñas, ya que, esta vez, después de haber disputado una gran primera mitad, se fundieron los plomos tras el descanso.
Los 42 puntos de la primera mitad no tuvieron continuidad tras el receso, mientras que La Laguna Tenerife, que en los 20 primeros minutos vivió sobre todo de la magia de Marcelinho Huertas, fue encontrando el acierto en el triple -cuatro de sus nueve triples entraron en el último asalto-, con el añadido de que Georgi Shermadini supo esperar su momento. Precisamente cuando la defensa bilbaina empezó a abrirse para evitar la «potencia de fuego» de los pupilos de Txus Vidorreta, el georgiano empezó a encontrar huecos para hacer diabluras en la zona, diabluras que terminaron de finiquitar el partido tinerfeño.
Ahora sí que sí, hay que descartar a Surne Bilbao Basket de toda pelea en pos de la Copa, si es que en algún momento tuvo alguna opción real. La lástima fue ver a un Bilbao Basket más que competente durante más de medio partido, pero al que el encuentro se le acabó por hacer demasiado largo y, quizás, el grueso de sus balones perdidos llegaron cuando mejor le iba el partido. Esto es, que cuando pudo imponer su ritmo, no terminó de abrir brecha sobre La Laguna Tenerife, mientras que el paso por los vestuarios trajo consigo jugar al ritmo que a los de Txusa Vidorreta más les interesaba, sin poder meterle otra marcha y atacar a los aurinegros a degüello.
DESDE MEDIO CAMPO
Y eso que el primer cuarto, que fue el único que se llevaron los hombres de negro, empezó de manera esperanzadora. Tanto es así, que Rubén Domínguez cerraba estos diez primeros minutos clavando un triple desde el centro del campo. Si en algún momento hubo alguien que soñó de verdad con poder romper el mal fario en territorio lagunero, fue entonces.
En cambio, a los de Vidorreta les costaba acertar desde la larga distancia, aunque con los puntos de Marcelinho Huertas les iba bastando. Bilbao Basket, anécdotas al margen, llevaba bien el ritmo del juego, con un Hlinason incomodando la presencia de Guerra y Shermadini en la zona. Por ello, el 40-42 del descanso supuso una alegría más bien discreta, vistos los méritos de los bilbainos, que quizá precisaron de puntos de jugadores como Gielo, Frey o Abdur-Rahman.
Nueve puntos de Kramer, la irrupción de Joan Sastre y la falta de acierto bilbaino hicieron cambiar el paso tras la pausa de los vestuarios. Huertas empezó a repartir juego sin preocuparse tanto por la anotación y por esa vía de agua se empezó a fraguar la suerte del partido. Un parcial de 27-15 en el tercer acto dejó a los de Jaume Ponsarnau compuestos y a contracorriente, con un 67-57 adverso ante un rival que maneja los tiempos de los partidos de maravilla.
Solo faltaba que Shermadini entrase en acción, amén de la racha de triples locales. Cada ataque tinerfeño cobraba pieza frente a una defensa de Bilbao Basket al que su manta para taparlo todo se le hacía cada vez más corta. Marvin Jones y Abdur-Rahkman entraron en anotación, cosa que nunca está mal, porque nunca es tarde si la anotación rival se frena, pero esta no solo no se frenó, sino que abrió la renta un poquito más, en un castigo quizás excesivo, visto el gran trabajo de la primera mitad de los hombres de negro.
Bilbao Basket tiene ahora su cita el miércoles con la FIBA Europe Cup ante Le Portel y el final de la primera vuelta, frente a Unicaja y Barça. Bastante tendrán los de Ponsarnau si logran alargar su capacidad de ser competitivos. Porque los partidos duran 40 minutos.

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