Daniel GALVALIZI
MADRID
Entrevista
Ximo Puig
Expresident de la Generalitat valenciana

«La base ideológica del Gobierno de Mazón se nota en su insolvencia»

El expresident de la Generalitat valenciana Ximo Puig señala el negacionismo climático, el «urbanismo desaforado» y la entrega de las emergencias a Vox como el «basamento» que agravó las consecuencias de la trágica dana del pasado 29 de octubre. Además, lamenta los intentos de «recentralización» y «la herida al autogobierno» que esto ha provocado.

(Fotografías: Jorge GIL - Carlos LUJÁN | EUROPA PRESS)

De vacaciones unos días en su pueblo natal, Morella (Castelló), Ximo Puig ha puesto un paréntesis a su nueva vida en París, como representante del Estado español en la OCDE. Esa tarea se la encomendó Pedro Sánchez el invierno pasado, por lo que renunció a su escaño de senador y se mudó a la capital francesa.

Puig fue molt honorable president de la Generalitat valenciana durante ocho años y un mes (2015-2023), y todavía un tiempo más líder del PSPV. Desde lejos ha vivido con angustia la catástrofe de la dana de hace poco más de dos meses y es crítico de la gestión de Carlos Mazón, quien tomó su relevo en el cargo. En las elecciones autonómicas de 2023, cabe recordar, el líder valenciano tuvo una paradoja: perdió su cargo a pesar de haber subido notablemente la cantidad de votos. El ascenso de PP y Vox y la caída de Podem y Compromís (entre ambos perdieron un cuarto de millón de votos) forzaron un cambio en la Generalitat.

En una de las pocas entrevistas que ha dado desde la tragedia en l’Horta Sud, el expresident carga contra la «irresponsabilidad» del Govern en lo que hace al cambio climático y las emergencias, y advierte del «poder de la derecha mediática para crear ámbitos nocivos» e imponer el mensaje desde Madrid.

Usted tuvo hasta hace no mucho uno de los cargos hoy más cuestionados, el de president de la Generalitat valenciana. ¿No piensa todos los días qué habría hecho si le hubiera pasado a usted?

No. Pero lo que sí tengo que decir es que lo viví con mucha angustia, porque estaba fuera y porque sé que la toma de decisiones es difícil. Y, desde luego, sabiendo que yo hubiera hecho lo mismo que hice en la dana de 2019 en la Vega Baja, actuando desde el primer momento. Antes de que se produjera el desborde se convocó el Cecopi y estuve allí. No es que hiciera nada extraordinario sino lo que había que hacer.

Desde el inicio de este Gobierno hay una constante de no priorizar la emergencia ni la lucha contra el cambio climático y esto es una cuestión central, porque el Mediterráneo está en la zona cero de las consecuencias del cambio climático. Sabíamos que esto podía pasar y es importante la prevención. Darle esa responsabilidad a la extrema derecha, darle Emergencias, Seguridad y Cultura, era toda una carta de presentación. Lo que se quería era eliminar todas las políticas del Botánic en Medio Ambiente. Antes de que suceda la dana, eliminaron la restricción de 500 metros de la playa y se volvía a las andadas de lo que fue el urbanismo desaforado. Hay un basamento ideológico que está ahí y una acción de frivolidad, irresponsabilidad e insolvencia que han sido los parámetros de acción de gobierno de estos tiempos. Y cuando se tiene que hacer frente a una enorme catástrofe…

Para quien no conoce la arquitectura de la Generalitat, ¿cómo debe operar? ¿Ha fallado algo?

En principio, la arquitectura institucional está bien, aunque todo es mejorable. El principio de subsidiariedad que se aplica es que la capacidad de decisión se tenga en el ámbito autonómico y el president tiene la posibilidad de coordinar y dirigir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, toda la intervención y todos los cuerpos. Es un buen sistema. Lo que ha fallado no es el protocolo y la estructura, sino la gestión. Con esos mismos instrumentos actuamos de manera diferente en 2019.

Ahora hay un gran efecto de dañar el autogobierno y decir que hay que recentralizar y, desde luego, creo que es una mirada equivocada. Que la alarma se disparara desde Madrid y no Valencia se podría haber gestionado igual de mal. Las élites centralistas tienen mucho poder y en el ámbito mediático más, y cualquier cosa sirve de acicate para defender la posición preestablecida. El autogobierno valenciano está herido, porque los ciudadanos han visto que su Generalitat no ha sido eficiente. La derivada política es una herida en las instituciones con posible crecimiento de los populismos de extrema derecha y este discurso de recentralización, que es ventajista. Otra cosa es que siempre se puede mejorar y hay que permanentemente aprender.

Cuando era president, ¿qué vio mejorable?

A partir de 2019, vimos que la emergencia necesitaba una UVE (Unidad Valenciana de Emergencias). Allí teníamos previsto formar a los bomberos, hacer un cuerpo único, desprecarizarlos... Apenas llegó el nuevo Gobierno, lo primero que hizo fue liquidarlo sin más, diciendo que era un chiringuito de la izquierda. Estaba todo presupuestado y aprobado para jerarquizar a los mil bomberos que teníamos, capacitarlos en cosas que no fueran solo del ámbito forestal y generar acción conjunta. Estaba también presupuestado un gabinete de análisis interdepartamental de la emergencia que iba a dotar de información al Cecopi. Se lo cargaron todo y le dieron el área a la extrema derecha.

¿Usted habló con Mazón? ¿O le llamó él para pedirle algún consejo?

No. Cuando pasó la dana, le envié un mensaje, me contestó un «gracias» y «ya sabes cómo es». Él pidió mi dimisión cuando hubo un incidente en un tren... En fin, a mí no me corresponde criticarlo, está la oposición para ello.

Mazón no ha explicado todavía por qué no estaba donde debía estar, pero un alcalde de su partido, de la ciudad de Cullera, dice que recibió una llamada de él durante esas cinco horas, pero que no le mencionaba la dana y que le hablaba en tono jocoso. Suena todo surrealista. Usted conoce esa responsabilidad. ¿Cómo se explica esto?

Hay que hacer el recorrido histórico del personaje. Ha ido de simpático siempre y ahora se ha retratado su falta de profundidad y de entender lo que es un gobierno que tiene que gestionar más de 30.000 millones de euros y que tiene un componente más allá de lo administrativo. Todo lo que se ha hecho tiene una dosis de falta de ética, con acciones y comentarios que dejan muy herida a la Presidencia de la Generalitat. Hubo mentiras concatenadas y el no tener constancia real de que estuviera donde se dice que estuvo... Lo que sabemos es que no estaba donde tenía que estar.

«Me refiero expresamente al aviso que había que haberse dado, porque ese tren jamás tendría que haber salido», dijo Mazón en el verano de 2022 por el incidente de un tren por el que pidió su dimisión...

Sí, y ademas dijo que la responsabilidad era mía y que los protocolos estaban bien. Pero yo sí estaba en aquel incendio, no en otro sitio, a diferencia de él y la frivolidad con la que asume la situación. En otro país y en otra región podría ser una novedad, pero en el País Valenciano las danas tienen una historia y habíamos visto cómo este verano el calentamiento del mar era muy grande.

¿Coincide en el análisis de Diana Morant, secretaria general del PSPV-PSOE, sobre no impulsar una moción de censura?

Eso es ya una cuestión que tienen que discernir los responsables políticos actuales, pero desde luego él merece una censura, la está recibiendo de la ciudadanía, que está teniendo una respuesta clara. Hay que actuar con inteligencia y analizar de qué manera se puede plasmar mejor el traslado a lo político de lo social. Lo que quiere el PP es intentar cerrar esta etapa. El PP ha gestionado igual el 11M, el Prestige, la crisis del metro de Valencia... Es el PP. Mazón es el PP, el modus operandi es el PP.

En 2023 se votó un claro cambio de Govern con la ultraderecha. ¿La sociedad del País Valencià es más conservadora que la del resto del Estado?

No. Sí tiene características muy especiales. Es una sociedad más bien abierta, liberal en términos de modo de vida y siempre fue una sociedad de emprendedores. Lo que pasa es que el resultado de 2023 vino contextualizado en un ámbito de crispación nacional y un caldo de cultivo que consiguieron las derechas, haciendo que la respuesta a la pregunta electoral fuera otra cosa de lo que se preguntaba. Nosotros teníamos niveles muy positivos de percepción ciudadana, la gente pensaba que habíamos hecho buena acción de gobierno mayoritariamente.

Una de las cosas que el País Valenciano no tiene tampoco, y eso también es responsabilidad de los progresistas, es no haber conseguido que haya una conciencia de país suficientemente potente para discernir en cada elección, ver cuál es el objetivo. Hay territorios, como el País Vasco, con comportamiento electoral muy diferente según lo que se vote. Aquí el peso mediático de la política nacional es fuerte. Si separábamos la elección autonómica [de las generales], hubiera sido diferente.

Hicimos toda la campaña en las calles y plazas en un ambiente de absoluta normalidad. Solo una vez, en Sant Vicent, hubo un hombre que me gritó «¡que te vote Txapote!» y yo no entendía nada, no sabía a qué se refería. Y justo a mí, que yo era amigo personal de Ernest Lluch... Se generó un ambiente que lo puede hacer la derecha mediática por el poder que tiene, tienen capacidad de construir bulos y generar ambientes nocivos.