Días de una cámara
Escribía Françoise Truffaut en el prólogo de ‘‘Días de una cámara’’, escrito por Néstor Almendros, que «la televisión, el cine de aficionados y el video han destruido definitivamente el misterio. La sala de cine no tiene ya el monopolio de las imágenes en movimiento. Los cineastas pueden todavía interesarnos, pero a condición de no copiar la vida, que es lo que desde hace mucho tiempo viene haciendo, hasta la saciedad, la televisión».
Su definición, llena de nostalgia, abre el viaje en torno a la luz en el que Almendros (Barcelona 1930, Nueva York 1992), director de fotografía y ganador del Oscar por ‘‘Días de gloria’’ de Terrence Malick, nos inicia.
Hijo de republicanos, acabó dejando Catalunya para reunirse en Cuba con su padre exiliado. La isla fue parte de su formación y al mismo tiempo una espinita clavada en su trayectoria ideológica y vital. Tras la Revolución, regresó a Cuba y realizó documentales para el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos. Curiosamente, dos de esas películas, ‘‘Gente en la playa’’ y ‘‘La tumba francesa’’, se prohibieron.
En París, durante la década de los sesenta, su vida quedó ligada a Éric Rohmer. Lo demás, es historia del cine, una historia del cine que pervive en este libro y en la luz de su fotografía. Sus imágenes filmadas no copian la vida, sino que van más allá y convierten la vida que hay dentro de las películas en arte.

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