Malos tiempos
Como una medida más dentro del recorte del gasto, en Gran Bretaña se están cerrando bibliotecas públicas a un ritmo vertiginoso, y en muchos casos vendiendo los inmuebles a empresas inmobiliarias. Previendo el próximo imperio del Trump y sus multimillonarios mariachis fascistoides, en EEUU muchos bibliotecarios están poniendo a buen recaudo grandes obras de la literatura universal y otros tantísimos libros sobre los que por peregrinos motivos ha puesto esta gente sus censores y descerebrados ojillos. Esto mismo está sucediendo en la Rusia de ese otro siniestro machote del Putin. En ambos países muchas veces son usuarios de la biblioteca los que se ofrecen para guardarlos en sus casas en espera de tiempos menos aciagos y patéticos. En la Italia de Meloni, sin embargo, está proliferando un original sistema para apoyar a las librerías independientes consistente en que voluntarios micromecenas adquieren todos los libros expuestos en el escaparate de la librería elegida, cualquiera que sean; en ocasiones el comprador paga y no se lleva los libros sino que los regala o pide al librero que los regale a sus clientes. Sin duda un generoso y eficaz gesto de amor a los libros.

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