Cuenta atrás de Israel y Líbano con una invasión por finalizar
El temor a que las tropas israelíes no completaran mañana su salida de Líbano dentro del plazo fijado en el acuerdo de alto el fuego se hizo realidad con el anuncio de Israel de que la retirada «continuará de acuerdo con EEUU» más allá de los 60 días previstos, al considerar que el país de los cedros no ha respetado «plenamente» sus compromisos y que el plazo no era definitivo.

Todas las miradas estaban fijas ayer en las áreas libanesas aún ocupadas por Israel cuando faltaban tan solo dos días para que expire el acuerdo de alto el fuego, con la esperanza de que las tropas israelíes completaran su retirada dentro de plazo y con mucho aún por hacer por ambas partes. Hasta que Israel anunció que sus soldados seguirán allí al entender que el plazo de 60 días no era definitivo y que el Ejército libanés todavía no ha garantizado la seguridad de la zona.
El grupo chií libanés Hizbulah advirtió el jueves contra un aplazamiento del repliegue israelí, mientras el Gobierno de Tel Aviv filtraba a los medios la negociación de una prórroga con Washington, mediador del pacto. El Estado judío quería una extensión de 30 días bajo el argumento de los pocos avances en el despliegue del Ejército libanés en el sur de Líbano, la principal tarea de su contraparte.
Estas son algunas claves para entender los entresijos del cese de hostilidades que el pasado 27 de noviembre puso fin a más de un año de conflicto entre Israel y el grupo chií libanés Hizbulah, y a dos meses de una cruenta ofensiva israelí contra Líbano:
EL ACUERDO
Basado en la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que ya puso fin a la anterior guerra de 2006, el pacto establece un plazo de 60 días para que las tropas israelíes se retiren de las áreas libanesas ocupadas durante la invasión que iniciaron el 1 de octubre y para que Hizbulah abandone la franja fronteriza.
Paralelamente, el Ejército libanés debe reforzar su presencia en esa región comprendida entre la divisoria de facto y el río Litani, que es también el área de operaciones de la misión de paz de Naciones Unidas en Líbano (Finul), su socio para garantizar que no haya armas allí en manos de actores no estatales.
IMPLEMENTACIÓN
Pese a que durante los casi 18 años transcurridos desde el conflicto de 2006 las partes habían fracasado en la implementación de la resolución 1701, esta vez acataron una lenta puesta en práctica de sus obligaciones, supervisadas por un comité liderado por EEUU y con participación del Estado francés.
El proceso comenzó a acelerarse en el segundo mes, con la retirada de Israel de casi todo el sector oeste y el consecuente despliegue del Ejército libanés en los puntos que este iba abandonando.
Para mediados de enero, las Fuerzas Armadas Libanesas estaban presentes en más de 90 ubicaciones al sur del río Litani, frente a apenas una decena en el momento de la entrada en vigor del acuerdo siete semanas antes, según datos de Naciones Unidas.
VIOLACIONES DEL PACTO
Pese a los avances, el Ejército israelí ha seguido detonando casas, quemando terrenos agrícolas y demoliendo túneles en las áreas en las que aún está presente, mientras sus cazas y drones sobrevuelan el espacio aéreo libanés a diario e incluso perpetran algunos bombardeos esporádicos.
«Las constantes violaciones terrestres y aéreas israelíes, sobre todo la detonación de viviendas y destrucción de aldeas fronterizas, contradicen totalmente el acuerdo de alto el fuego», denunció el pasado fin de semana el presidente de Líbano, Joseph Aoun.
Del lado libanés, en estos casi dos meses, la Finul ha hallado alrededor de 120 alijos de armas y munición pertenecientes a Hizbulah y otros grupos dentro de su área de operaciones.
EL ESTATUS DE HIZBULAH
La formación chií se unió el jueves al coro de voces que han estado demandando la completa retirada israelí antes de mañana, avisando de que un aplazamiento no será «aceptable» y urgiendo al Gobierno libanés a que ponga presión sobre los países garantes del alto el fuego para evitarlo.
Hizbulah llega al final de los 60 días muy diezmado militarmente tras la ofensiva israelí del pasado otoño, habiendo perdido a un aliado clave con el derrocamiento de Bashar al-Assad en Siria y en desventaja política en casa tras el reciente nombramiento de nuevos dirigentes a los que no apoyaba.
El presidente del Líbano, Joseph Aoun, y primer ministro, Nawaf Salam, han insistido públicamente en la importancia de no permitir armas en manos ajenas al Ejército, una estipulación de la resolución 1701 que durante años se había ignorado en muchas esferas en favor del Partido de Dios.
LA PERMANENCIA ISRAELÍ
Después de horas de disyuntiva in extremis sobre si Israel se quedaba o se iba, que algunos expertos ya veían venir desde el inicio citando las ansias expansionistas israelíes o el interés en marcar terreno ante la expansión del programa nuclear de Irán, mecenas de Hizbulah, el Gobierno de Benjamin Netanyahu anunció que que la retirada de sus soldados «continuará de acuerdo con EEUU» más allá de los 60 días previstos en el acuerdo, al considerar que Líbano no ha respetado «plenamente» sus compromisos y que el plazo no era definitivo, en referencia al despliegue del Ejército libanés en el sur y la retirada de Hizbulah más allá del río Litani.
Tras la caída de Bashar Al-Assad en diciembre, el Estado judío desplegó a sus tropas en la zona desmilitarizada siria, que termina en la triple frontera con Líbano y conecta con el sector este de la franja meridional libanesa donde se concentra el remanente de sus soldados.
La postura de la nueva Administración de Donald Trump ha sido clave para que Israel mantenga más allá de mañana el control de esa línea estratégica, y algunos temen que todavía haya margen para nuevos desarrollos mientras el presidente estadounidense se asienta en la Casa Blanca.
«Dado que el acuerdo de alto el fuego no ha sido implementado completamente por Líbano, el proceso de retirada por etapas continuará de acuerdo con Estados Unidos», indicó la oficina del primer ministro israelí.

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