Giros ovalados
Por cada una de las pantallas que me arrullan aparece una realidad que no siempre son coincidentes. ¿Cuántas realidades hay en realidad? Hace unos minutos he visto en mi pantalla grande una rueda de prensa de Pedro Sánchez en la Moncloa anunciando que hay un acuerdo con Junts y se devuelve el decreto ómnibus al parlamento para su posible aprobación. Inmediatamente, siempre a rebufo, ha aparecido Borja Mari, con cara de vinagre recitando un compendio de adjetivos eyaculados desde el resentimiento, haciendo ver que lo que ha sucedido en el consejo de ministros no sirve y lo bueno son sus mentiras, intoxicaciones, manipulaciones y gesticulaciones de títere de cachiporra deshilachado.
En unas horas, y sin saber las razones, lo imposible se vuelve verosímil, los nano-triunfos de Feijóo se tornan muecas, González Pons sufre un brote de sinceridad y califica a Trump de una manera insultante, lo que le elimina de la corte de la insuficiencia narrativa de la dirección errante del PP y, como es habitual, el hombre menguante no sabe qué decir, porque solamente dice lo que le dictan que diga.
Si a esto añadimos que la capacidad científica de los ingenieros chinos, que pone en evidencia la farsa especulativa de las empresas norteamericanas dedicadas a la IA y ha provocado una catástrofe de calibre monumental en las acciones de una empresa llamada Nvidia, nos empuja a situarnos, de golpe, en otra esquina del tapete donde no sabemos si se juega al guiñote o al cinquillo. Estos giros ovalados encadenados marean de tal manera que hay que hacer acopio de tranquilizantes.

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