Carlos GIL ZAMORA
Analista cultural

Por lógica

Si no existe un campo abonado para la duda, no fertiliza el pensamiento y cuesta mucho sintetizar una fecundidad filosófica o artística que acabe convirtiéndose en algo de una relevancia importante que impacte de manera eficaz en el desarrollo de la comunidad que lo genera y a la que se dirige. Lo peor puede residir en la rutina y el dogmatismo. Su contrario, incluso el relativismo, puede dejar sospechas de inutilidad, pero siempre será mejor la indagación, el estudio, la investigación que el reglamento o el catecismo inamovible.

De repente, en capillas, núcleos cerrados, clanes y grupos de presión se sueltan nociones tóxicas que parecen ser inocentes pero que comportan una postura negacionista de lo existente, una suerte del todo vale que se rubrica y proyecta con el otro tópico: quién sabe nada. Colocarse en una duda activa sobre lo que es y lo que no es (aquí pongan ustedes teatro, danza, escultura, narrativa, pintura o gastronomía), puede ser el principio de una revelación o justamente la pérdida del valor de cualquier opción que no encaje en los terribles y arcaicos protocolos institucionales, tan estandarizados para la pervivencia de ciertos modelos culturales que ni saben, ni huelen, ni tienen sabor. Por lo tanto, aplicar la lógica, aunque puede que no sea suficiente, está claro que sí es un principio necesario para emprender el camino. Y a partir de ahí abrirse hacia el infinito y más allá si es necesario, siempre dentro de lo sustancial.