Dabid LAZKANOITURBURU

La nueva Siria comienza a desbrozar un camino lleno de peligros

Cuando están a punto de cumplirse dos meses del sorprendente y fulgurante desplome de la «robusta Siria árabe-socialista» de la dinastía Al-Assad, el nuevo hombre fuerte de Damasco -la decisión de ubicar su poder en esa ciudad no responde en este comentario al criterio de capitalidad-, Ahmed al-Sharaa, ha sido confirmado oficialmente como presidente de momento transitorio de Siria por la miríada de grupos armados surgidos y evolucionados desde la revuelta popular de 2011 y la guerra civil que le siguió, y ha certificado la defunción de la ya muerta Constitución del viejo régimen.

Pero, lo que es más importante, además de disolver la coalición islamo-salafo-yihadista que dirigía, HTS, ha ordenado la disolución de todos los grupos armados surgidos tanto bajo el régimen como, sobre todo, bajo la oposición al mismo.

Ardua tarea, y no solo por el espinoso tema de las milicias kurdas YPG y de las FDS en Rojava. Al-Sharaa tiene que mostrar su autoridad para obligar a que se disuelvan sus aliados del ENS, convertidos en ariete de Ankara contra la causa kurda.

Quien cuando seguía órdenes de Al Qaeda obedecía al nombre de guerra de Al-Golani (por su origen en Altos del Golán los ocupados por Israel) ha logrado la disolución, forzada, de sus herederos de Hurras al-Din, escisión de HTS que siguió fiel a la red cuando el Frente al-Nosra de Al-Golani se desmarcó de la marca.

Asimismo, los dos principales grupos armados drusos han mostrado su disposición, también con matices, a disolverse y pasar a integrar el futuro Ejército sirio.

El problema reside ahí y responde a una vieja desconfianza, actualizada con el imprevisto desenlace del fin del régimen.

Al-Sharaa, quien podrá formar un Consejo Legislativo transitorio, ha prometido para marzo una conferencia de diálogo nacional que incluya a todas las facciones opositoras y a todas las minorías para iniciar un proceso constituyente de cara a unas elecciones en tres-cuatro años.

Mucho tiempo y muchos desafíos internos y externos (Israel insiste que no se va, Rusia trata de quedarse mientras abre nuevas bases en Libia, la UE le exige que rompa con el Kremlin y Trump deshoja la margarita sobre su apoyo a los kurdos).

Una etapa apasionante. Pero peligrosa.