Drama histórico eficaz, pero convencional

Olvídense de los dramas históricos pomposos y estilizados que abundan hoy día en las plataformas VoD; “La última reina (Firebrand)” apuesta por una Inglaterra sombría y envuelta en niebla, en perfecta armonía con las crudas escenas de abuso protagonizadas por el monarca. La dirección de Aïnouz opta por un ambiente lúgubre que refuerza la sensación de peligro.
Ambientada en la sangrienta corte Tudor del infame rey Enrique VIII de Inglaterra, la historia se centra en la lucha de Catalina Parr (Alicia Vikander) por mantener su independencia y evitar el destino trágico de las anteriores esposas del rey.
Es un filme de carácter introspectivo que toma a figuras históricas para representar la dinámica del abuso doméstico, retratando a un agresor que ejerce su poder de forma tiránica, no solo desde su posición de hombre, sino también como máxima autoridad. Sin duda uno de los aspectos más destacados del filme es su enfoque feminista, que busca reivindicar la figura de Catalina Parr.
Vikander ofrece una interpretación sutil pero poderosa de Catalina, presentándola como una mujer inteligente y calculadora que comprende el peligro de cada palabra y cada gesto dentro de la corte. Su actuación se caracteriza por una contención emocional que refleja el temor constante que la rodea, pero también su determinación por resistir. Si Vikander es el alma de la película, Jude Law es su fuerza más arrolladora: encarna a un rey decadente, paranoico y brutal, cuya mera presencia impone un clima de opresión.
Sin embargo, más allá de sus brillantes interpretaciones y su cuidada dirección, la estructura narrativa de esta película resulta convencional y algo repetitiva, lo que impide que el filme alcance una mayor trascendencia.

Expectación tras hallarse un planeta similar en tamaño y órbita a la Tierra

Pradales rubricó el PGOU por el que se imputa a la exalcaldesa de Zaldibar

La adicción a la pregabalina no para de crecer en los márgenes

«Energetikoki, Euskal Herrian Trumpen bandoan gaude»
