Unas preguntas tontas
Preguntar no es ofender, ¿usted esputa? Sigue rompiéndome la barrera de la racionalidad este chiste, acudido o arlotada. Entre tanta barbaridad con la que alimentan nuestra disposición al abandono de nuestros compromisos ciudadanos, quizás nos quede un recurso menudo, que no está en el mercado de las grandes soluciones, pero que nos puede acompañar por un paseo en los jardines de la cotidianeidad apacible, rentable, sostenible, recomendable. Hacerse preguntas constantemente. Cuanto más tontas nos parezcan, más inteligentes serán las respuestas. O, al contrario.
Ante anuncios municipales de varios puntos de efervescencia turística que conozco que avisan de medidas extraordinarias, me pregunto: ¿es posible hacer un cerco para acabar con las excursiones de borrachera? ¿Está prohibido emborracharse? Los guiris buscan alcohol barato, su supuesta cultura es beber con ansiedad para ponerse pedo con celeridad y el resto ya forma parte de su biografía, ¿quién puede cercar esta actitud? Si se propicia este tipo de turismo, ¿se puede controlar, encajonar, llevarlo a puntos concretos de la ciudad? ¿Y quién y cómo se hace esto?
Van unas preguntas apócrifas. ¿A quién le interesa saber las ganancias de los bancos y las empresas del Ibex 35? Nos atosigan con estas informaciones y las vidas, milagros y resultados del fútbol. ¿Cuándo y dónde se empezó a normalizar, asimilar, propiciar este ambiente político donde campa la extrema derecha multiforme? ¿Quiénes manejan hoy todas las barcas que al totalitarismo irremediablemente nos llevan? ¿Por qué preguntas estas preguntas?

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