¿Acción Conservadora?
En la guerra cultural en cuanto a la nominación de los hechos, las cosas, los fenómenos y los movimientos, se ponen en cabeza de manera inconmensurable toda esta jauría de simpáticos millonarios sin escrúpulos y atronantes lameculos acomplejados que se han hecho noticia televisiva en Washington en la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC). Es de vieja escuela este encuentro, pero en manos de la disolvente política autoritaria de Musk y Trump, el problema se hace peligroso y amplía sus efectos.
No es fácil sustraerse a esta presión. Va un chiste de Forges. En un salón de estar, el marido le dice a la mujer que está sentada frente al televisor: «tienes la tele apagada». Ella contesta: «es que si la enciendo, salen». Así estamos, saturados, rodeados. ¿Qué debemos hacer, cuál es la postura adecuada para combatir esta campaña tan clara y estructurada de manera global para destruir todo lo logrado con las democracias liberales occidentales después de la Segunda Guerra Mundial?
Porque la conversión, transformación, manipulación de los conceptos políticos es fundamental para entender este fenómeno que parece extenderse de una manera imparable. ¿Son conservadores o son autoritarios de tendencia filonazi? ¿Abascal es conservador o tardofranquista? ¿Esos saludos romanos que usan de manera reincidente son un asunto estético confuso o una declaración de principios de mayor calado? La mentira, el bulo, la violencia verbal, la desfachatez consentida y amplificada por los medios de comunicación a sueldo de estos movimientos son el material terrorista que están usando.

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