No impresiona, pero tampoco defrauda

Tercera entrega de la saga del osito más famoso de Gran Bretaña. En esta ocasión la historia se traslada a Perú. Hay nuevas incorporaciones, como la de Olivia Colman y Antonio Banderas, y el elenco principal regresa casi en su totalidad, aunque destaca la ausencia de Sally Hawkins, siendo reemplazada por Emily Mortimer.
En general, la película mantiene el tono alegre y familiar de sus predecesoras, sin embargo, carece de ese toque especial que elevaba a Paddington por encima de la típica película familiar; se echan en falta conceptos que vayan más allá del simple entretenimiento, que no solo recurran a la acción y a la comedia física más dinámica, falta cierta personalidad formal.
La decisión de ambientar la película en Perú ofrece una nueva dimensión a la narrativa, pero funciona más como un decorado de postal que como un país con historia, complejidad y diversidad real. Es comprensible que una película familiar busque una estética colorida y mágica, pero todo es demasiado irreal y el uso del CGI en ciertas escenas es excesivo. Alejar a Paddington de su entorno londinense tampoco ayuda; pierde cierta magia y sobre todo el humor que caracteriza a la saga, ya que la interacción del oso con la sociedad británica era clave en muchas escenas.
A pesar de sus imperfecciones, se erige como una opción idónea para el disfrute familiar y logra destacarse por encima de la mayoría de las producciones de similares características.
No impresiona, pero tampoco defrauda. No alcanza la frescura y el ingenio de las dos primeras entregas, pero sigue siendo una película encantadora y entretenida para públicos de todas las edades.

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