Carlos GIL ZAMORA
Analista cultural

Futuro

Las dudas razonables se pueden convertir en obsesiones irracionales. ¿Ha cambiado mucho, poco o nada la condición socioeconómica de los públicos de las artes escénicas? O dicho de una manera directa, ¿las programaciones que ofrecen los teatros públicos, a qué fragmento social y cultural se dirigen en su amplia mayoría? Lo que sabemos es lo que vemos y sus resultados mostrencos de porcentajes de ocupación, pero ¿existe algún observatorio que intente analizar fuera del mercado y la tensión partidista o gremial, qué tipo de cultura y, en concreto, qué tipo de arte escénica es la preponderante en nuestros escenarios?

Llevar muchos años obsesionado con estos asuntos crea una disfunción evidente, porque los públicos con los que uno se encuentra son en su inmensa mayoría de más de cuarenta y cincuenta años, pero, estas personas, hace veinte o treinta años eran jóvenes que no sabemos si iban o no al teatro por circunstancias personales, laborales, económicas o desconocimiento de este bien cultural. Juraría que las estéticas que acostumbro a ver en los escenarios son cada vez más conservadoras. No me cabe ninguna duda de que se trata de la presión del supuesto mercado, es decir, de quienes programan y lo hacen buscando a un tipo de públicos que no quieren experimentos. Veo muchos menos riesgos, no siento un impulso de búsqueda del futuro, de ese público que todavía no existe. ¿A qué llaman las instituciones crear nuevos públicos?