Kit de emergencia
Espero a que los múltiples anuncios de las empresas que nos advierten de los peligros de ocupas para que contratemos sus sistemas de alarma y protección de nuestras viviendas empiecen ya su campaña para vendernos el kit de emergencias que se auspicia desde Bruselas. Atentos porque en breve faltará papel higiénico y harina para hacer pizzas en los supermercados, aunque de momento solamente recomiendan que tengas agua, baterías y medicamentos al menos para setenta y dos horas, pero el por si acaso va a acabar con las latas de atún, las pastas, los arroces y todo aquello que ya tenemos, normalmente, para sobrevivir tres días y muchos más.
Es decir, los servicios de inteligencia europeos saben que será una guerra relámpago. Lo que están transmitiendo de manera oficial parece un simple y ramplón aviso para soliviantar a las sociedades de los veintisiete miembros y engrasar de una manera cutre los mecanismos para que se aprueben los incrementos de gasto en material militar, asunto que parece irreversible porque aseguran que Trump va a dejar a Europa sola porque quiere dedicar todos sus esfuerzos militares para asustar a China, es decir a mil cuatrocientos millones de chinos.
Mejor sería crear con urgencia millones de kits de emergencia democrática. Es más, si existiera una app, o incluso unos chips, que sirvieran para que todos se hicieran una composición de lugar y atendieran de manera objetiva lo que se está dibujando globalmente, la lucha sería más inteligente para frenar esta deriva con movilizaciones y participación popular. ¿O ya es tarde?

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