Rutina de destrucción
Recomiendan sicólogos, terapeutas, entrenadores, frailes y militares establecer rutinas que den equilibrio, que conviertan cada día en una sucesión de puntos álgidos y repetidos, reconocibles y establecidos desde una premisa previa y con objetivos claros que se van encadenando para mantenerse siempre alerta, dispuesta la mente, el cuerpo y la disciplina para actuar sin dilación y siempre en el sentido de lo solicitado por la voz de mando.
Pero existen rutinas calificadas como síntomas de algo no calibrado, difícil de estabular, entre ellas se cuenta la rutina de la destrucción, en la que parece ha caído Netanyahu, sus ejércitos, parte de la sociedad israelí que parece comprometerles con hacer daño a los palestinos, allá donde se encuentren, sin discriminación de edad ni adscripción política, convirtiendo esa rutina en crímenes de guerra, genocidio, violencia extrema. Dicen que la causa más importante en el mundo de muertes de niños y niñas es Israel. Asombra ver el cinismo, la complicidad silenciosa de gobiernos y sociedades occidentales ante este exterminio.
Por ahí va el hiperactivo Donald Trump y los miembros de su gobierno y adjuntos, porque ver a Kristin Noem, Secretaria de Seguridad, paseándose por los pasillos de esas cárceles creadas por el sicópata salvadoreño y dando discursos incendiarios ante las celdas donde se hacinan los extraditados por ella de manera urgente y sin garantías, es una muestra de tortura, evidentemente. Una rutina de crueldad. En las imágenes transmitidas, dentro de ese recinto, iba rodeada de policías de su propia seguridad. No se fían.

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