Se nos recordará por lo que queda
Un homenaje a un viejo amigo y compañero fallecido hace unas semanas es el punto ideal para los abrazos, enumerar ausencias y filosofar sobre lo que fuimos, lo que somos. Esta vez fue la despedida en el Teatro de La Comedia a Juan Margallo, esa gran persona y creador de decenas de iniciativas teatrales durante sesenta años de profesión. Decía que reencontrarse con actores, directores, dramaturgos, escenógrafas que llevan muchos quinquenios en la profesión y que mantienen el mismo espíritu de mantener una compañía independiente, reconforta por la insistencia, pero las confesiones nos sitúan en un lugar de alerta máxima por las dificultades.
Las ayudas decrecen, las giras casi no existen, es difícil mantener equipos y desde hace mucho tiempo y en todos los lugares se identifica un problema con los técnicos especializados. Cuesta encontrar técnicos cualificados que quieran salir de gira, hacer bolos. Y una parte sustancial del sistema se basa precisamente en esa itinerancia puntual. En medio de una conversación un querido director me espeta: «Tú al menos serás recordado por lo que escribes, en cambio yo nada, el teatro se consume en sí mismo». Y me pareció una magnífica reflexión. Seremos algo por lo que queda tras el adiós.

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