Un viaje al colorido mundo sin reglas de Helen Frankenthaler
Entrar en el mundo de Helen Frankenthaler (1928-2011) supone dejarse apabullar por el color. Todo es de gran tamaño y colorido en la obra de esta artista. En una de las fotografías, con la que te topas nada más entrar en la retrospectiva que le dedica hasta septiembre el Guggenheim de Bilbo, aparece sonriente, pringada de pintura.

Es muy significativa una de las fotografías que ilustran la exposición “Helen Frankenthaler. Pintura sin reglas”, que estará en hasta el 28 de septiem- bre, en el museo Guggenheim de Bilbo. Se trata de un retrato del salón de la casa que la artista compartía en 1964 en Manhattan con su primer marido, el también pintor Robert Motherwel. Realizada para un reportaje de “Vogue”, es interesante fijarse en los detalles: además de las obras que coleccionaba el matrimonio -de Mark Rothko, David Smith...- se puede ver “Montañas y Mar” (1952), la obra de juventud y la pintura más icónica de esta artista norteamericana.
Un par de detalles más: al creativo y famoso matrimonio le llamaban en la época «la pareja de oro», porque ambos procedían de familias adineradas; otro dato, “Montañas y mar” no está en la retrospectiva que le dedica el Guggenheim y que llega procedente del Palazzo Strozzi de Florencia, donde estuvo hasta enero. Según explicó el comisario de la exposición, Douglas Dreishpoon, es complicado moverla de donde está, en la Galería Nacional de Washington D.C.
Y que no se nos olvide una tercera fotografía: Frankenthaler y Motherwel, vestidos de playa, pasean por Donibane Lohizune, donde se instalaron un verano durante su viaje de novios. Corría el año 1958 y, aunque estaban de vacaciones, cada uno tenía su estudio.
UNA PAREJA DE ORO
¿Y por qué el título de “Pintura sin reglas”? Porque precisamente este era el mantra que marcó la carrera artística de esta mujer. «Es un creer en vivir sin reglas, siempre libre, para poder cambiar de opinión y también es un pasaporte para seguir avanzando en el mundo del arte», apuntó el comisario.
Con una carrera que abarca seis décadas, y que se pueden visualizar en la espectacular exposición que le dedica el Guggenheim, Helen Frankenthaler está considerada como una de las artistas femeninas estadounidenses más importantes del siglo XX. Fue uno de los principales exponentes del Expresionismo Abstracto, movimiento que dominó la escena artística de su país desde los años 40 hasta los 60, y que vio nacer a figuras tan notables como Jackson Pollock y Willem de Kooning.
Uno de los aspectos más famosos de su obra es el desarrollo de la técnica de la «mancha empapada», que marcó un cambio radical en la pintura de la década de 1950. Consistía en verter o diluir el color directamente sobre el lienzo sin preparar, dejando que el pigmento penetrara y «manchara» la tela.
Nacida en Nueva York, en una familia de ascendencia judía e hija de un juez del Tribunal Supremo del Estado de Nueva York, Frankenthaler tuvo una formación académica de primer nivel. Fue también una mujer de vanguardia, no solo por su arte, sino también por su capacidad para imponerse en un mundo artístico dominado por los hombres.
Hombres como Clement Greenberg, uno de los críticos de arte más influyentes del XX, que en los 50 fue su mentor y compañero sentimental, aunque le llevaba veinte años. Fue también promotor de su obra en galerías y museos. De 1958 a 1971, estuvo casada con Robert Motherwell, una unión que coincidió con una época creativa muy importante para ambos.
Por cierto, esta mujer se casó tres veces. ¿Y qué pasa con el color? Uno de los rasgos distintivos de su obra es el modo en que lo utilizó no solo como elemento visual, sino como lenguaje emocional. El color, en su obra, dice mucho.

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