Un vía crucis por adelantado y sin capacidad de resurrección
Los donostiarras cayeron con justicia en un partido en el que fueron prácticamente incapaces de generar peligro. Larin y Darder anotaron los dos goles que dieron la victoria a un conjunto bermellón que se sitúa dos puntos por delante en la tabla (0-2).

La leyenda del viento sur, esa que dice que bajo su influjo la Real se espesa como el chapapote del Prestige, escribió ayer un nuevo capítulo. Después de dos ilusionantes victorias consecutivas, la escalada hacia Europa sufre un severo frenazo tras caer ante un Mallorca que aprovechó sus ocasiones para doblegar a un equipo sin capacidad de reacción. Mal partido de los de Imanol, a quienes se les atragantó el 5-3-2 de Jagoba Arrasate y prácticamente fueron incapaces de poner en apuros al guardameta Greif.
Las bajas en el eje de la zaga dieron a Jon Martín la oportunidad de disfrutar de su primera titularidad en Liga, acompañado por Aritz Elustondo. El resto del once podría definirse como el titular, salvo la ausencia de un Brais Méndez que estuvo en el banquillo, de regreso tras la lesión en el quinto metatarsiano de su pie derecho durante el choque en Old Trafford, a mediados de marzo.
La primera jugada de peligro realista terminó en la red, un remate de Oyarzabal a centro de Barrene (m.13), pero el de Eibar estaba ligeramente adelantado y el tanto fue bien anulado.
Sí subió al marcador el tanto de Larin, tras un error de Barrene, que perdió el esférico en un pase horizontal en el centro del campo. Darder capturó el balón y tocó en profundidad para el desmarque del delantero canadiense, que batió a Remiro con un toque suave que entró llorando (0-1, m.20).
La réplica de Marín, con un disparo raso y lejano, la sacó a córner Greif. La Real trataba de sumar ocasiones colgando centros laterales, que sin embargo no encontraban rematador. Resultaba evidente que los donostiarras necesitaban una inyección con algo de picante para la segunda mitad.
Como primera medida, Imanol dejó en el vestuario a un Barrenetxea que fue la antítesis de su exhibición en Las Palmas -el error del gol le pudo pesar luego mentalmente- y dio entrada a Sergio Gómez.
DARDER Y ADIÓS
No dio tiempo a ver el efecto del cambio antes de que el Mallorca hiciera el segundo. Darder encontró el espacio a la espalda de Aramburu, pisó área, y cuando Aritz salió a cerrar disparó con el interior de la diestra al palo largo. Su tiro no iba muy ajustado, pero Remiro no estuvo fino y el balón se le coló por debajo de los brazos (0-2, m.47). Con el choque muy cuesta arriba, el técnico blanquiazul quitó a Sucic para meter a Oskarsson arriba y colocar a Oyarzabal en la mediapunta. Pero tampoco.
Superada la hora de encuentro hubo un atisbo de reacción a base de empuje. Jon Martín pudo recortar distancias al cabecear un córner, pero se ha topado con los reflejos del meta bermellón.
Un espejismo. El partido languidecía como quien dormita en el sofá tras una opípara comida, y por momentos estaba más cercano el tercero del Mallorca. Derrota justa, un vía crucis como aperitivo de la Semana Santa.

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