Gaizka IZAGIRRE
HERNANI
BIENVENIDO A LA MONTAÑA

Con buenas intenciones, pero con muchos tropiezos

El cineasta Riccardo Milani nos presenta una comedia italiana que, aunque simpática y bienintencionada, no logra evitar ciertos tropiezos en su narrativa y en su forma.

La historia sigue a Michele Cortese, un profesor de primaria que, tras 40 años enseñando en Roma, decide trasladarse a una pequeña escuela rural en el Parque Nacional de los Abruzos.

A partir de esa premisa, Milani teje una película cercana y honesta que pone el foco en la vida en los pueblos y en cómo poco a poco estos se van quedando vacíos, mostrando los desafíos a los que se enfrentan quienes todavía luchan por mantenerlos vivos.

Sin embargo, hay varios aspectos que flojean. Algunas subtramas quedan a medio camino, y los mensajes sociales están metidos de forma bastante obvia, todo tiene un tono demasiado didáctico. Milani parece más preocupado en hacernos llegar su mensaje, que en darle una forma interesante o más elaborada; la puesta en escena está cerca de un telefilme de sobremesa.

La película arranca como una comedia, con varias situaciones que nacen del choque cultural que vive Michele al llegar al pueblo, donde todo -desde el idioma hasta las costumbres- le resulta bastante ajeno. Pero a medida que avanza, el humor va quedando en segundo plano y la historia se vuelve más seria, metiéndose de lleno en un drama más costumbrista. El paso de las partes divertidas a las más serias es algo brusco, y eso hace que la película pierda un poco de equilibrio

La historia empieza bien, pero a mitad de camino empieza a perder fuelle. Parece que ya no hay mucho más que contar, pero justo cuando uno piensa que se viene el final, la historia pega un volantazo bastante forzado y se alarga con escenas que parecen más relleno que otra cosa; termina siendo algo tediosa.