Abrazo
Mi escritura es una forma de ser testigo de la injusticia. En estos tiempos en que nos sentimos indefensos y desesperanzados necesitamos entender que la esperanza es resistencia”. Anne Michaels (Toronto, 1958) ha publicado tres novelas, en 1997 una, otra en 2010, y esta, “El abrazo”, en 2024; sus 170 páginas, confiesa, le han llevado veinte años: “Ni una palabra ha de ser malgastada”, defiende.
A través de personajes -muchos de ellos reales, pero eso es lo de menos- unidos por lazos familiares o por los azares de la vida y del tiempo, “El abrazo” recorre -no cronológicamente- todo un siglo, del año 1908 a 2025, y lo hace con un ritmo pausado, meditativo, profundo, conmovedor.
Momentos radiantes de deseo, rebeldía, apoyo mutuo y trascendencia en medio de las atrocidades del siglo XX y del XXI; más oportuna e iluminadora no puede ser. La nostalgia es pasiva, la memoria activa; y por eso en esta novela deslumbrante y sorprendente los muertos siguen aquí, a nuestro lado.
“El abrazo” tiene una de sus patas en el positivismo de la ciencia y la otra en el misterio de lo invisible: “Todo lo vivo está respondiendo a la química de la luz”. “Aquello que entregamos no nos puede ser arrebatado”.

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