Martxelo DÍAZ
DONOSTIA
Entrevista
Casilda Cabrerizo
Geógrafa y profesora de la Universidad Carlos III de Madrid

«Un turismo sin límites crea sociedades vulnerables»

Casilda Cabrerizo ha participado recientemente en las jornadas “Turismoa(k) birpentsatzen”, organizadas por EH Bildu en Donostia. Destaca la necesidad de fijar límites a la actividad turística para impedir que las sociedades se conviertan en excesivamente vulnerables. Junto a ello, señala que el turismo es una herramienta para aliviar las crisis del capitalismo.

(Gorka RUBIO | FOKU)

 

Emplea usted el concepto «ciudad de negocio», basado en el turismo para definir la pérdida del objetivo inicial de una ciudad, que es para que vivan sus habitantes.

Soy geógrafa urbana. El análisis que hago se basa en la espacialidad. Introduzco en el análisis de los territorios el turismo como un vehículo que facilita el entendimiento de la transformación territorial y, por supuesto, ver cómo el capitalismo transforma el espacio. Presento una tesis doctoral en 2015, utilizando el turismo para entender esas transformaciones territoriales que requiere. El capitalismo industrial creó su propio espacio y, por supuesto, el capitalismo terciarizado, en el que está el turismo, crea su propio espacio. Esa transformación espacial que imprime el turismo será distinta según estemos atendiendo más a un turismo de sol y playa o a uno urbano.

La ciudad se ha convertido en un negocio para la visita, pero también para la vida. Antes era la fábrica, ahora es la ciudad la que se comporta como el producto del que obtener rentas del capital. Cuando hablamos de turismo urbano nos referimos al que acontece en ciudades históricas, viejas, que introducen la actividad turística. En contraposición, tenemos la ciudad que se crea ad hoc para la actividad turística, que tenemos en las costas del Estado español y otras partes del mundo. La diferencia, en términos espaciales, es que en el turismo urbano no es necesario producir nuevo espacio. La capa turística se solapa casi exactamente sobre la capa de la vida. Y ahí es donde se producen, evidentemente, muchos de los impactos que todos conocemos. En cambio, esa ciudad que crece ad hoc produce suelo, urbaniza la ciudad para el turismo.

Es como un polígono industrial.

Efectivamente, es como un polígono industrial que hay que construir para que esa actividad funcione. En cambio, en la ciudad se están solapando los usos del espacio, los servicios o las actividades de tipo cultural. En una ciudad tenemos espacios, como Tabakalera, que se han usado tras perder su uso tradicional como contenedores para la cultura, que son para la gente de Donostia, pero también para el turismo. Pasa lo mismo con el espacio, con el comercio, con los equipamientos. La ciudad para la vida se usa a la vez para el turismo. Si se favorece en exceso la actividad turística hay un choque y empiezan a aparecer conflictos.

El turismo puede ser una actividad económica incluso tradicional, pero saltan las alarmas cuando se convierte en un exceso.

Eso es. Lo que estamos viendo desde hace unos años es una apuesta muy clara por parte de todos los gobiernos para impulsar la actividad turística. Todo el mundo quiere turismo. En las ciudades y en los pueblos. A nivel mundial. A mis alumnos les comento que el punto de inflexión está a finales de 1980 y comienzos de 1990, cuando además empezamos a definir esta globalización que nos acontece ahora. Cualquier lugar del mundo es un potencial destino turístico. Y cualquier producto o elemento de identidad de cualquier lugar se puede convertir en producto turístico. Hay una expansión tremenda a nivel planetario de la actividad turística. Y en nuestro Estado, mucho más. Nos especializaron en turismo en 1956. Y además fue la herramienta que utilizó el sistema capitalista del entorno para romper la autarquía franquista y traer al Estado español el modelo capitalista moderno.

El turismo es una herramienta poderosa que utiliza el capitalismo de forma ideológica para dar entrada a nuevas lógicas de consumo y de producción. En estas décadas lo que hemos visto también es cómo la actividad turística se recupera rápido de las crisis y se está utilizando para aliviar las crisis del capitalismo. En 2008 y 2009 lo vimos muy claramente. Los grandes capitales, en una crisis financiera de superproducción inmobiliaria, se fueron a la actividad turística. Es el momento en el que surgen con fuerza los fondos de inversión en el sector turístico. Hasta entonces la inversión venía de las empresas turísticas propiamente dichas.

Hemos tenido años en los que el grueso de la inversión turística ha estado en fondos de inversión. Después de la pandemia del covid, hay una vuelta a la inversión de las propias empresas turísticas. Estuve dando un paseo por Donostia con Markel Ormazabal [concejal de EH Bildu] y vimos cómo las grandes inversiones del centro de la ciudad son por parte de empresarios locales o vascos. Con el covid se vio por primera vez una caída de la actividad turística a nivel cero. Escasamente tres años después, ya tenemos cifras más elevadas que en 2019. Ha habido una recuperación muy rápida. Ahora se ha puesto en juego un mensaje subjetivo muy importante: nos tuvimos que encerrar y parar pero el turismo lo solucionó. Viajar se presenta como una necesidad vital. Eso es lo que ha manejado muy bien el sector turístico y ha colado en la sociedad. Esta recuperación tan grande viene con ese elemento subjetivo tan poderoso. El viaje se presenta como un elemento para poder posicionarse socialmente, con un estatus al que se aspira.

Ese turismo masivo puede hacer perder la identidad de un territorio. Se vende un destino basándose en una identidad que se presenta como atractiva, pero que se puede perder por el turismo masivo.

Sin duda. Como parte del sistema capitalista, esta es una de sus contradicciones. El capitalismo selecciona elementos auténticos, especiales, para llevarlos al mercado y sacar rentas de ellas. Pero como el capitalismo se basa en un consumo masivo, termina perdiendo esa especificidad y esa autenticidad. Pero pasa con todo. También con los destinos, con los lugares, que pueden terminar banalizando excesivamente y perdiendo muchos de esos elementos que lo hicieron atractivo en el inicio. Lo estamos viendo. Se banaliza no solo el paisaje, sino formas de vida, elementos identitarios, fiestas, lo gastronómico.

Frente a ello, existe una tendencia de rechazo al turismo, que se ha llegado a denominar «turismofobia», un término con el que usted no está de acuerdo.

Cuando hay un movimiento crítico con algo se criminaliza. Igual que a los que estamos luchando por el pueblo palestino se nos tacha de antisemitas cuando no lo somos, somos antisionistas. Al movimiento que lucha contra la masificación turística y todos los impactos que está teniendo en la vida cotidiana se le tacha de burdo, de inculto, de antiguo, contra una actividad que es bellísima y nos permite relacionarnos con el otro. El término «turismofobia» a mí no me gusta porque surge desde el sector y es una herramienta que se pone en juego para criminalizar este movimiento. Es verdad que estamos viendo un movimiento que dice que no podemos seguir manteniendo estos niveles de actividad turística; pero no solo por las molestias o por las subidas de precio, sino porque nos está haciendo sociedades vulnerables.

Un crecimiento perpetuo es insostenible, también en el turismo.

No se puede crecer sin límites. Además, nos convierte en muy vulnerables. La pandemia fue un momento que nos hubiera permitido muchos aprendizajes, pero estamos viendo que no. Las sociedades muy especializadas en turismo lo pasaron fatal, como Baleares o Canarias. Era dramático ver sociedades tan especializadas en el turismo, que les lleva a no tener prácticamente otra capacidad económica para salir adelante, en las que se generó mucha vulnerabilidad social.

El turismo masivo produce sociedades que tienen niveles de cualificación bajos y muy precarios. Las características en términos de empleo que requiere el turismo son de baja cualificación. Mucha intensificación turística convierte a las sociedades en vulnerables en muchos sentidos. Hay que poner límites, hay que buscar modelos más ecológicos, que piensen en la gente. Pero vemos que, lejos de eso, estamos en otro ciclo de gran crisis capitalista, que propone el rearme mundial como fórmula de alivio. Vamos a ver cómo se conjuga el rearme con el turismo. Es un sector que se recupera bien de las crisis, pero la guerra es otra cosa, mucho más seria. Es el antídoto contra el turismo.



NEURRI GABEKO TURISMOAREN AJEAK

Turismoaren inguruan EH Bilduk Donostian antolaturiko jardunaldietan izan berri da Casilda Cabrerizo geografoa. Mugarik gabeko turismoak jendarte zaurgarriak sortzen dituela nabarmendu du elkarrizketan, eta horren aurrean legeak beharrezkoak direla uste du. Turismoa kapitalismoaren krisiei aurre egiteko tresna bezala ere erabiltzen dela adierazi du, eta honakoa gaineratu: «Biztanleen bizitzarako pentsaturiko hirietan turismoaren jarduerari ateak zabaltzeak elkarbizitzan arazoak sor ditzake, espazio beragatik lehia dagoelako».