Punto y aparte definitivo
Se trata de señalar la angustia vital que se va convirtiendo en una patología ante lo que cada día debe soportar la parte de la Humanidad que se interesa por los asuntos públicos en cualquier grado de proximidad. ¿Es irremediable este calentamiento político que destruye cualquier rasgo de decencia? Cuesta situarse en este desierto, páramo o glaciar en que nos toca vivir, según el meridiano que nos atraviese. La realidad no existe, ni es virtual, ni es genética, ni analógica, ni siquiera religiosa. Estamos en bucle de distorsiones coloreadas que avanzan hacia un colapso involucionista.
La incertidumbre se ha convertido en el faro interno de las legiones de parias de la democracia. Interesarse por el sexo tántrico puede ayudar al ayuno intermitente que te haga combustionar ante la botadura de un barco de papel en la charca municipal impulsado por el soplido de unos jóvenes enamorados. Cualquier actividad que nos enajene de esta maldita tozudez autodestructiva se debe subvencionar. Quizás estemos cerca del tiempo de las poesías engarzados en zarcillos pintureros. Todo menos la contumacia fascista.
Algo imperioso me hace sospechar de manera caníbal de lo sucedido en Washington, esa detención casi amorosa del supuesto asesino que grita “Free Palestine”, que, según Netanyahu, se puede traducir por “Heil Hitler” mientras asegura que sigue con su plan de convertir Gaza en un resort turístico construido sobre los cadáveres de miles de palestinos. Es impúdico todo cuanto hace y dice, y sus cómplices por activa o pasiva son agentes del mal. Es un punto y aparte definitivo.

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