Gaizka IZAGIRRE
HERNANI
RAMÓN Y RAMÓN

Una historia que no termina de despegar

A medida que el cine ha ido procesando el impacto global del covid-19, han proliferado las películas que abordan la pandemia desde diversas perspectivas. “Ramón y Ramón” se incorpora a este movimiento, situando su relato durante el confinamiento en la ciudad de Lima; la pandemia marca el contexto, pero no es el foco principal de la historia.

La película comienza con un plano aéreo de la ciudad desierta, similar al Londres vacío de “28 días después”, mostrando una desolación humana que refleja la parálisis externa y el aislamiento interno. En ese contexto realista con tintes apocalípticos, Ramón (interpretado por Emanuel Soriano), en plena ruptura sentimental, recibe las cenizas de su padre. Durante el confinamiento conoce a Mateo (Álvaro Cervantes), un joven español encerrado en su edificio. Pese a sus diferencias, entre ambos nace una conexión que los confronta con su identidad.

“Ramón y Ramón” apuesta por una estética naturalista y un tono tranquilo que encajan bien con la historia que quiere contar. Salvador del Solar se enfoca en mostrar emociones contenidas y eso ayuda a crear una atmósfera coherente con el relato. Pero, aunque todo eso funciona, no logra sostener del todo el drama.

El guion cumple, pero va por caminos muy conocidos. Está lleno de situaciones y fórmulas que ya hemos visto muchas veces.

El ritmo tampoco ayuda: a medida que avanza, la narración se vuelve algo tediosa, con escenas que parecen alargarse más por inercia que por necesidad dramática.

La película, con muy buenas intenciones y con momentos de notable acierto, se queda como una obra que no logra culminar plenamente su potencial, quedándose a medio camino en su desarrollo narrativo y emocional.