Unidos por un anfibio visto como elixir
Indígenas y científicos mexicanos unen sus fuerzas para salvar al achoque, que cuenta con capacidad para regenerar sus órganos.

Durante cinco décadas, Froylán Correa vivió de la pesca en Pátzcuaro. En ese lago se dedica ahora a salvar al achoque, un anfibio visto como un elixir en México por su sorprendente capacidad para regenerar sus órganos. Está «críticamente amenazado», según la lista de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, debido a la pesca excesiva, la contaminación y la extracción de agua de su hábitat en el estado de Michoacán (oeste del país). Por ello, biólogos de la Universidad Michoacana han decidido vincular a la comunidad indígena de San Jerónimo Purenchécuaro a un proyecto de reproducción de esta salamandra, endémica de la zona, a cambio de una remuneración. Correa está metido de lleno en su nuevo trabajo de recolector de huevos del anfibio, que son llevados a los laboratorios de la Universidad, donde eclosionan. Y cuando los anfibios crecen, regresan a las instalaciones de los pescadores, quienes les cuidan hasta que están listos para ser liberados en el lago. Desde épocas prehispánicas, el achoque es alimento y remedio. Los indígenas le atribuyen propiedades nutricionales y curativas de enfermedades respiratorias.

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