Galiza y Euskal Herria se adentran en el lado oscuro con «La dama de Anboto»
El coruñés Roberto Cagiao mezcla mitología vasca, memoria familiar y novela negra en una historia telúrica que llega precedida del éxito de haber agotado su primera edición en galego Iban Gorriti. Una leyenda ancestral, un crimen sin resolver y un vínculo emocional entre dos tierras que se sienten hermanas. Así podría resumirse “La dama de Anboto”, la nueva novela del escritor gallego Roberto Cagiao.

“La dama de Anboto”, de la editorial VR Europa, entrelaza misterio, mitología y emoción. Ha agotado su primera edición en galego a los pocos días de su lanzamiento: un logro nada menor, teniendo en cuenta que «solo el 8% de la población lectora en Galiza lee habitualmente en su lengua materna», ilustra Roberto Cagiao (Branobe, 1976).
En una ocasión, el autor cruzó las nieblas del monte Anboto y alcanzó el techo geográfico de la comarca de Durangaldea. Incluso se acercó hasta la legendaria cueva de Mari, la diosa de la naturaleza. «Por respeto no entré. Yo creo mucho en estas cosas», confiesa con seriedad. Al preguntarle si su novela podría haberse titulado “La meiga de Anboto”, se detiene un momento, sonríe y responde: «No se me había ocurrido, pero me gusta».
En aquella visita, algo le atrapó y la historia ya es una realidad. Parte de un hecho tan intrigante como trágico: dos hermanas gallegas desaparecen el mismo día, con años de diferencia. Una aparece muerta en el mar; de la otra, nunca más se supo. Décadas después, su rastro resurge en un pequeño pueblo al pie del icónico monte Anboto. «La leyenda dice que, si le mientes a lo que te pregunta, te arrebatará lo que más amas», avisa.
Con esta premisa, Cagiao construye una novela de investigación emocional a caballo entre su Galiza y Euskal Herria, donde los hijos de las desaparecidas -ya nacidos en territorio vasco- buscan respuestas sobre un pasado silenciado. Entre sanatorios, secretos familiares y sendas de montaña, el suspense avanza hilado y trufado de folclore, heridas antiguas y una fuerte carga simbólica. Este excomponente del grupo de rock Trashnos, quiere revisitar la localización ficticia. «Las cuevas me acojonan, tío», continúa porque la experiencia le dejó una huella imborrable. «Me pareció increíble… Dije, esto me da para escribir un libro». Amante del pueblo euskaldun y galego convencido, encontró en el paisaje vasco una suerte de espejo emocional. «Las montañas, los bosques, el carácter de la gente… somos muy parecidos. Cerrados al principio, pero cuando nos abrimos, lo hacemos de verdad».
FUERA DE GALIZA
Por eso, y sin renunciar a sus raíces, por primera vez situó parte de una novela fuera de su tierra. El camino de Roberto como escritor comenzó tras un accidente laboral que lo dejó de baja durante meses. Ocurrió el día anterior a participar en un trail de montaña. «Estaba en el sofá, sin poder moverme, con mi hijo pequeño al lado. Él podía hacer más cosas que yo. En ese momento, pensé: ¿recuerdas que te gustaba escribir?». Así nació su primera novela, “El guardián de las flores”, que acabaría convirtiéndose en una saga de nueve títulos.
Ha publicado quince libros, muchos «autoproducidos a lo loco para sobrevivir en un mundo editorial complejo». Hoy, con el respaldo de una editorial tradicional, apuesta firmemente por publicar sus obras en galego y castellano de forma simultánea. Cagiao defiende su idioma vehicular como lengua literaria, pese a su situación minoritaria. «Si nosotros mismos en Galiza, o vosotros en Euskal Herria con el euskera, no hacemos algo por el idioma, ¿quién lo va a hacer?», afirma. El éxito de La dama de Anboto en gallego —-500 ejemplares vendidos en solo dos días- le da la razón. Y también su creciente presencia en Euskal Herria: «La primera vez que fui a Bilbao pensaba que iba a haber tres gatos… y la librería Deusto estaba petada. Culturalmente hablando, Euskadi es otra pasta». Aunque en la superficie la obra se circunscribe en la novela negra, con desapariciones, muertes y una potente carga mitológica, para Cagiao el suspense es solo una excusa. «Escribimos sobre asesinatos, pero en realidad queremos hablar de muchas otras cosas», dice y va más allá: «Asuntos como la memoria, la familia, la pérdida y esa necesidad de reconciliarse con lo que uno ha sido». Y de mar de fondo una figura simbólica: Mari, la dama de Anboto, la de Urkiola, que en esta historia encarna el enigma, la verdad y, quizá también, una forma antigua de justicia.

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