El PSOE de Guerra lo tenía más claro sobre Txiki y Otaegi que el de Gogora
La declaración del director de Gogora nombrado por el PSE sobre Txiki y Otaegi no solo ha enfadado a buena parte de la ciudadanía vasca, sino que contradice lo que el propio PSOE pensaba en 1975, hace 50 años. Su publicación oficial, «El Socialista», cuyo responsable era nada menos que Alfonso Guerra, les llama «víctimas» y a Franco y Juan Carlos de Borbón, «verdugos».

La posición expresada por el director de Gogora, Alberto Alonso, sobre los fusilados Jon Paredes Manot Txiki y Anjel Otaegi supone una auténtica reescritura de la posición de su propio partido, el PSOE, en aquel 1975.
Pasado medio siglo, Alonso ha negado a los dos militantes de ETA fusilados la condición de «luchadores por la libertad» y les ha acusado de usar «las mismas herramientas del franquismo». Unas tesis que se sitúan extremadamente alejadas de las que sostenía “El Socialista”, medio oficial del partido todavía entonces en la clandestinidad, en octubre de aquel año, y también en la declaración de la Comisión Ejecutiva del PSOE que incluía en sus páginas.
En la misma aparecen los rostros de los cinco antifranquistas fusilados, definidos como «las víctimas» frente a «los verdugos», a saber, el dictador Franco (que aparece en la imagen junto a Juan Carlos de Borbón), el presidente Arias Navarro y el Consejo de Ministros al completo. Todo ello tras un titular contundente: «Terrorismo oficial».
Ni en la declaración de la Ejecutiva del PSOE ni en el editorial de “El Socialista” hay crítica alguna a la acción de Txiki y Otaegi, ni en genérico a la de ETA y el FRAP, como la que ha desarrollado medio siglo después el director de Gogora.
El editorial de “El Socialista” les define como «cinco jóvenes asesinados por un Gobierno decrépito». De los fusilados se apunta que «quieren otro futuro para España, un futuro libre, democrático, justo».
Tampoco hay cuestionamiento de las «herramientas» de lucha atribuidas a los cinco fusilados en la declaración de la Ejecutiva del partido que dirigía Felipe González desde Suresnes (1974).
Más bien al contrario. Se denuncia rotundamente que «el Régimen, acorralado, intenta prolongar su vida quemando la posibilidad de una alternativa democrática que no cueste a los pueblos del Estado los traumas de los enfrentamientos y de las muertes, y trata de colocar a todo hombre con conciencia política en una batalla desigual con el aparato represivo y las fuerzas más reaccionarias».
El PSOE remarca en aquel momento la enorme gravedad de los fusilamientos. Explica que el partido «hizo un ingente esfuerzo nacional e internacional para evitar que la escalada represiva llegara a este punto dramático culminante». Y añade que «los socialistas tienen la obligación histórica de contribuir con su esfuerzo definitivo a la conquista de las libertades democráticas». La declaración de la Ejecutiva se emitió el 1 de octubre, apenas cuatro días después de las ejecuciones franquistas.
“El Socialista” es el órgano de expresión del PSOE desde 1886 hasta la actualidad. Su primer director fue el propio fundador del partido, Pablo Iglesias Posse. En este octubre de 1975 estaba dirigido por alguien nada sospechoso de afinidad con ETA ni con la causa vasca en general, como quedó claro posteriormente, desde su etapa como vicepresidente del Gobierno español hasta la actualidad: Alfonso Guerra. Había sido elegido en Suresnes secretario de Prensa e Información del PSOE, y como tal, responsable de “El Socialista”.
CAMBIO TAMBIÉN DESDE 2012
Las palabras de Alonso sobre Txiki y Otaegi también suponen una «enmienda» sobre la posición del PSE en 2012, cuando ambos fueron admitidos por el Gobierno de Lakua como víctimas de la violencia estatal.
Algunas organizaciones de víctimas de ETA cuestionaron esa decisión y, en condición de portavoz del Ejecutivo de Urkullu, Idoia Mendia la reafirmó sin incluir matiz crítico alguno sobre los dos fusilados. «Forman parte de la memoria de este país», subrayó la consejera, que dos años más tarde pasaría a liderar el PSE durante siete años.
Alberto Alonso Martín fue designado por el PSE de Eneko Andueza para dirigir Gogora tras el trasvase de la cartera de Justicia y Derechos Humanos desde el PNV a su socio de Gobierno. Fue parlamentario del PSE en la pasada legislatura, y más atrás concejal en Bergara, además de director general de Osalan en el periodo comprendido entre 2016 y 2020.
La involución producida en Gogora con el relevo de su máximo responsable es patente. La primera decisión muy cuestionada fue que PNV y PSE coparan su dirección dejando fuera a Pilar Garaialde, postulada como representante de víctimas del Estado. A su padre le mató la Triple A. La abstención de PNV y PSE fue determinante para que Garaialde quedara fuera de la dirección de Gogora
Las víctimas de la violencia estatal expresaron su dolor un mes después por la decisión paralela de la Delegación del Gobierno español de celebrar un desfile de la Guardia Civil en Gasteiz: «Ojalá pudiéramos olvidar que en sus manos deseamos morir».
Otros indicadores inquietantes son el cuestionamiento del espíritu del Palacio de la Cumbre donostiarra como Lugar de Memoria o los recortes en la estructura para el reconocimiento de las víctimas del Estado. Algunas voces alertan de que con ello se está poniendo en riesgo los consensos sobre políticas de memoria gestados por la propia Gogora anteriormente.

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