Gaizka IZAGIRRE
HERNANI
AFTERBURN (ZONA CERO)

Cuando el apocalipsis no salva ni la diversión

En pleno sprint final del Zinemaldia nos lanzamos sin contemplaciones a “Afterburn (Zona cero)”. Empezamos directos con la loquísima sinopsis: tras una erupción solar de proporciones apocalípticas que calcina el hemisferio oriental de la Tierra, la civilización global queda hecha trizas.

Europa se convierte en una zona muerta, sumida en oscuridad radiactiva. En medio del caos un cazatesoros a sueldo famoso por su temeridad y nulo interés en causas nobles, acepta la misión imposible de cruzar el océano y adentrarse en la zona cero para recuperar la reliquia artística más valiosa del viejo mundo: la “Mona Lisa”. Con una premisa tan “x” (escojan ustedes el adjetivo), nadie esperaba una película de autor ni una historia profunda y llena de matices, pero sí algo mínimamente entretenido o digno. Pues no: “Afterburn” es una mezcla de “Mad Max” y aventuras apocalípticas genéricas muy aburrida y bastante ridícula.

«Tal vez no haya que tomársela tan en serio», dirán algunos. Y eso es justamente lo que intenté hacer. El problema es que la propia película se toma demasiado en serio a sí misma. Con un toque de serie B o con un aire de «vamos a reírnos de nosotros mismos», habría funcionado mucho mejor.

Bautista parece actuar con la misma motivación que alguien revisando su correo un lunes por la mañana; Jackson, por su parte, da la sensación de estar cómodo en su silla y pijama, mientras que Olga Kurylenko y Daniel Bernhardt simplemente no tienen ninguna oportunidad de hacer nada.

Siempre intento rescatar algo positivo de cada película, pero con esta la tarea se vuelve casi heroica. Si no tienen absolutamente nada que hacer y ya se han tragado toda la cartelera, tal vez, solo tal vez, podrían aventurarse a ver este desastre.