Una energía limpia no lega residuos radiactivos
Un equipo científico del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) del Estado francés ha detectado isótopos radiactivos en el océano Atlántico, a unos 700 kilómetros al noroeste de la costa vasca, en un cementerio nuclear en el que se depositaron unos 200.000 barriles de residuos radioactivos entre los años 1946 y 1990. Según la investigación, los niveles de radiactividad registrados esta primavera son «superiores a los esperados» en la zona.
El hallazgo no implica la existencia de un riesgo inmediato, porque la radiación detectada es entre baja y muy baja, pero invita a la reflexión. La misión ha encontrado bidones en un estado de gran degradación, con paredes completamente corroídas. Otros estaban directamente reventados. El motivo mismo de la investigación da qué pensar. Según el CNRS, «el objetivo es comprender mejor los mecanismos de transferencia y transporte de los radionucleidos en las profundidades oceánicas, así como sus interacciones con los ecosistemas abisales». Lo que quiere decir que durante medio siglo se han lanzado al océano residuos nucleares sin saber exactamente qué efectos podría tener. Resulta cuando menos inquietante.
Lo descubierto por esta expedición pone encima de la mesa uno de los principales hándicaps de la energía nuclear, cuyos apologetas están aprovechando las sucesivas crisis vinculadas al precio del gas y del petróleo para reivindicarse. Los residuos nucleares más radiactivos tardan por encima de 100.000 años en caer a niveles seguros, una escala temporal que escapa a la más elemental comprensión humana, qué decir a su acción. Cómo garantizar la seguridad de esos residuos es una cuestión que acostumbran a pasar por alto sus defensores, escudándose en promesas de nuevos desarrollos tecnológicos. Lo cierto es que las centrales nucleares realmente existentes han ganado mucho en eficiencia, por lo que producen menos residuos, pero estos siguen siendo igualmente radiactivos. No puede calificarse de limpia una energía que deja a las generaciones y civilizaciones futuras un legado en forma de toneladas de residuos radiactivos.

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