12/11/2013

Anjel Ordóñez
Periodista
Vuelan en círculos... ¿qué son?

El jueves pasado, el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, anunció por sorpresa una bajada de los tipos de interés en la Zona Euro desde el 0,50% hasta el 0,25%, con el objeto de facilitar la consolidación de la presunta recuperación económica en las economías del viejo continente. Dice Mario que la medida persigue, por una parte, la devaluación del euro frente al dolar, y, como consecuencia de ello, mejorar las exportaciones de las empresas europeas. Y, por otra, facilitar el retorno del dinero a los mercados. Insiste Mario. Pero el dinero, que es miedoso, permanece oculto en lugares seguros -entre ellos el propio BCE- al abrigo de la que está cayendo con la presunta crisis. Esta bajada histórica de tipos debería suponer una mayor facilidad para obtener financiación, tanto para las empresas como para las familias. Si le hacemos caso a Mario, tendríamos que ver menguar la cuota mensual de la hipoteca (el euribor está concernido). Y, a la postre, todo esto debería provocar el incremento del consumo y dinamizar la economía. Buenas noticias, pensarán algunos. Es fácil caer en la tentación.

Poco después del anuncio de Mario, la bolsa, que remoloneaba ese día en el rojo sin apenas sobresaltos, reaccionó en vertical, como si le hubiesen inyectado desoxiefedrina en vena, con un subidón de leyenda: más de un 2% en apenas segundos. Pero la presunta euforia fue efímera. Un colocón de frenesí y, después, de vuelta al rojo. Para explicar este fenómeno, dicen los expertos que los inversores recelan de los verdaderos motivos que mueven al que fuera director del Banco Mundial para bajar los tipos. No se fían de la prórroga de las subastas de liquidez aprobada por Mario, porque piensan que es un indicativo de que las economías no se recuperan al ritmo que dice el banquero italiano. Y porque, sobre todo, sienten en la nuca el frío aliento de la deflación.

Pues ya ven. En éstas andan los que manejan el pandero financiero que marca el ritmo de nuestras vidas. Planean en círculos en una especie de elevada estratosfera, desde la que apenas pueden divisar la economía real. La del paro, la exclusión social, el hambre y la miseria que asola amplias capas de nuestra sociedad. Esas que, mientras ellos vuelan, ya ni siquiera caminan. Se arrastran.