Abrazos, despedidas y encuentros
Durante las últimas semanas, como nunca había sucedido antes de forma tan inusitada, miles y miles de mujeres y hombres de este país han repartido tantos abrazos, tantos besos, tantas miradas hasta ahora reservadas en las entrañas de cada cual; ha sido tan larga la espera y el esfuerzo por comprimir esos sentimientos; fue tan angustioso despedirse, en la mayoría de los casos, sin aquellos otros abrazos, aquellos besos, aquellas miradas que se quedaron en una indefinida sala de espera... que es lógico que esas imágenes resulten atronadoras para quienes las observan desde la distancia ideológica, geográfica, política o sentimental.
Pero lo que no es de recibo es que expresar los sentimientos de forma tan personal, tan íntima aunque se haga a plena luz del día o en la penumbra de la medianoche, también sea perseguido policial y judicialmente. El simple amago de comenzar a buscar identidades entre quienes esperaron en un cruce de carretera o en la plaza del pueblo la llegada de una persona para darle un abrazo resulta tan incomprensible como -sí, otra vez- inesperado.
Lo que han tejido esos abrazos en las últimas semanas ya no puede ser deshecho por ninguna diligencia judicial y, al mismo tiempo, no habrá ningún agente -sea de la Guardia Civil o de la Ertzaintza- capaz de presentar una prueba «material» de ese mosaico de solidaridad que se ha venido hilvanando durante muchos, muchos años entre buena parte de la sociedad de Euskal Herria.
No ha habido estruendos organizados en las calles ni festejos en las plazas. No ha habido mensajes hirientes ni alegatos mitineros. Ha habido, y seguirá habiendo, muestras de afectos personales y de compromisos compartidos.
Y ahora, cuando las cárceles están un poco más vacías, no quieren que las calles se vean un poco más llenas. Prefieren ver más gente tras los barrotes de su incomprensión y tienen preparada una larga cola para repartir boletos; de entrada, casi ochenta personas en el banquillo del ubicuo tribunal especial español, al que cualquier edificio judicial se le queda pequeño.
Otra vez quieren que guardemos los abrazos, los besos, las miradas... que cumplamos en silencio el rito de la despedida, cuando lo que buscamos es el encuentro, sin estruendos.

«Elektronika zuzenean eskaintzeko aukera izango dugu orain»

«Gizarte aldaketa handi bat» eskatu du euskararen komunitateak

ASKE TOMA EL TESTIGO DEL HATORTXU EN ATARRABIA

Un ertzaina fue jefe de Seguridad de Osakidetza con documentación falsa
