Mikel CHAMIZO DONOSTIA
Entrevista
Iker Bengoetxea
Actor de doblaje y tenor

«El doblaje en euskara es un proceso muy importante para la normalización del idioma»

Es la voz de Asa Butterfield en la versión en euskara de «Ender's game«, la de Zipi en «Zipi y Zape y el club de la canica», pero también de series de animación como «Keroro sargentua» o de numerosos anuncios de televisión. La del actor Iker Bengotxea es una de esas voces que reconoceríamos de inmediato, pero a la que no sabríamos ponerle un rostro.

Iker Bengotxea se ha hecho un hueco en la profesión del doblaje, sobre todo en Euskal Herria, donde ha puesto voz a numerosos personajes jóvenes y de animación. Durante años ha sido cantante de grupos musicales como Na Tua Man, con el que ganó varios concursos a nivel local y nacional, y recientemente se ha adentrado también en el terreno del canto lírico, de la ópera y la zarzuela.

En su perfil de Twitter se define con ironía «actor de doblaje, locutor y tenor». En América lo llaman «voice talent». Aquí, «hago vocecillas»

Es un chascarrillo, una forma de hacer ver que en el extranjero, concretamente en los Estados Unidos, se valora más que aquí a las personas que trabajan con su voz. Es paradójico, porque allí ni siquiera se dobla el cine, los actores que se han especializado en la voz trabajan sobre todo en proyectos de animación, pero realizan auténticas creaciones en colaboración estrecha con los animadores. Muchos de ellos también cantan, han desarrollado todas las posibilidades de su voz y son muy respetados en la profesión y entre el público. Sin embargo aquí, cuando digo que me dedico al doblaje, a menudo me sueltan un «¡Ah! Que haces vocecillas». El doblaje es mucho más que eso, hay que ser intérprete y actor para abordarlo.

En el Estado español, en el que se sigue doblando la práctica totalidad del cine extranjero, el desarrollo y calidad que ha alcanzado la industria del doblaje debería ser muy alto.

El doblaje en castellano se dice que es de mucha calidad y yo también lo pienso así. El problema es que en los últimos tiempos, gracias a los avances tecnológicos que posibilitan adquirir equipamiento por poco dinero, están proliferando los estudios que hacen doblaje en condiciones menos profesionales. Por eso cada vez hay más productos, sobre todo series de televisión o películas de serie B, que no están dobladas con mucha calidad. Pero en el cine de 35mm o las series más punteras el doblaje sigue siendo excelente. Se han formado comunidades profesionales muy buenas en Madrid y Barcelona, allí es donde viven los grandes actores de doblaje y donde acuden los nuevos talentos en busca de oportunidades. En Euskal Herria puede que, en cuanto a calidad, seamos igual de buenos, pero el rango de voces entre las que elegir es mucho menor.

¿Cómo se inicia uno como actor de doblaje? ¿Era actor antes de centrarse en la voz?

Digamos que no. En todo caso era un actor en la sombra. Empecé a estudiar doblaje a los 19 años. Venía de cantar en varios grupos de música y siempre me había gustado hacer el payaso con la voz. Imitaba a humoristas, a cantantes, cualquier cosa que escuchaba por ahí, y tenía cierta habilidad. Un día abrieron una escuela de doblaje en Iruñea y ni me planteaba la posibilidad de dedicarme profesionalemente a ello, pero me apunté como algo divertido que podía compaginar con mis estudios de empresariales. Fue así como empecé a juguetear con el sector: comencé a ir a estudios en Donostia, a enviar CDs a Madrid y Barcelona, a participar en concursos... Primero haciendo ambientes (lo que se oye en el fondo de las películas, por ejemplo los grupos grandes de gente o las voces de un bar), pero aprendiendo del resto de actores fui mejorando poco a poco.

¿Cómo prepara y trabaja los papeles un actor de doblaje? ¿Se hace una construcción personal del personaje superpuesta a la del propio actor?

Por desgracia, normalmente no se trabaja con mucha antelación, y en ocasiones ni siquiera hemos visto la película antes de llegar al estudio. El objetivo siempre es ser lo más fiel posible a la interpretación del actor, trabajando por fragmentos pequeños (lo que en la jerga se llama 'take'). Lo repites dos, tres o cuatro veces, hasta que consigues hacerlo de la forma más parecida posible al original. Para ayudarte existe la figura del director de doblaje, que sí ha visto la película y te ayuda a construir el personaje contándote su evolución en cada escena y explicándote si debes dar a la voz un tono de ira, de fragilidad, de alegría... Pero no, no tenemos la oportunidad de estudiar el guión o de preparar los personajes con el método Stalisnavsky.

Algunos de sus últimos trabajos en euskara, como «Zipi y Zape» o «El juego de Ender», han sido doblando voces de niños. ¿Es necesaria alguna sicología especial para esto?

Mi voz se adapta a personajes de niño con un límite. Mi timbre es de lo que llamaríamos un 'yogurín', puedo llegar a doblar personajes de 25-30 años máximo. En «Zipi y Zape» estuvieron valorando la opción de doblar empleando chicas, pero al final optaron por chicos con voces muy jóvenes. La directora de doblaje tuvo que estar muy encima de mí para que no se me fuese de las manos, porque el objetivo era imitar muy bien al niño actor, que habla muy rápido y de forma un poco monocorde. Los actores de doblaje caemos en el vicio de colorear demasiado las frases, y en el caso de este niño la voz tenía que estar siempre arriba, en la cabeza, emitiendo un sonido muy puro e infantil. Fue complicado. En el «Juego de Ender» sí pude usar mi voz con más naturalidad, y la animación es otra historia muy diferente, porque siempre hay monstruos y formas más imaginativas de emplear la voz.

Los actores llevan un tiempo reivindicando que la situación del doblaje en euskara está en serio peligro. ¿Qué está ocurriendo exactamente?

Están dejando morir el sector. En los últimos seis años el número de horas de material doblado se ha reducido en un 84%, de mil ochocientas horas en 2008 a algo más de cien este año. Esta tendencia viene de largo: en los años 80 se doblada muchísimo al euskara, pero en el 93 ya se impuso un cambio de criterio que pretendía ir bajando el doblaje poco a poco. Lo de los últimos años, en cualquier caso, ha sido algo brutal, y además de forma contradictoria, porque hace 4 o 5 años se estaba pidiendo a los estudios voces nuevas y mucha gente tuvo el compromirso de formarse para atender a esa demanda. Pero ahora mismo el sector se cae y no hablamos solo actores, también de ajustadores, técnicos de sonido y todo lo que rodea al doblaje.

¿No es contradictorio que unas políticas que debieran buscar el fomento del euskara dejen morir el doblaje?

En el colectivo consideramos que el doblaje en euskera es un proceso muy importante para la normalización del idioma, más si cabe si pensamos que se trata de un idioma minoritario. Sobre todo es beneficioso para los niños, pero también para toda la ciudadanía, que puede beneficiarse de escuchar ficción en euskara y entrenar o mejorar su habilidad con el lenguaje. Pero nos está pesando mucho la inseguridad laboral. Yo estoy trabajando media jornada en una oficina y conozco a compañeros pensando adquirir licencias de taxi. El problema es que, si el colectivo de dobladores se disuelve, en caso de que en un futuro quieran recuperar el sector les va a costar mucho esfuerzo. En Galicia el doblaje recibe una dotación anual de 3 millones de euros; en Catalunya, que es un caso aparte, unos 9 millones. Y con esa partida, que en realidad no es tan grande, mantienen el sector.

¿No cree que apoyar el doblaje iría en contra de las tendencias de los cinéfilos, que cada vez piden más cine en versión original subtitulada?

El cine en versión original está ahí y cada vez más en boga. Nosotros no somos contrarios a ello, siempre que exista la posibilidad de que, quien así lo desee, pueda verlo doblado. Las dos opciones deberían convivir.

¿Existe demanda real de cine doblado al euskera? ¿Y en television?

Ahora mismo hay un problema cultural un poco desenfocado. Si en la propia televisión y en los cines no hemos tenido acceso a una programación estable de películas dobladas al euskara, es difícil que se haya creado un hábito. Los niños se están pasando a ver Disney Channel y Boing, con material doblado al castellano, porque en ETB no tienen una buena oferta en euskara.

Del doblaje al canto lírico

En los últimos años Iker Bengotxea ha ido compaginando su trabajo en el doblaje con una nueva pasión vocal: el canto lírico. En el 2003 entró a formar parte del Orfeón Pamplonés, pero fue a partir del 2009 que su carrera como tenor comenzó a despegar, con actuaciones en el Gayarre, Victoria Eugenia o en el Arriaga. «Lo que al principio era un juego vocal más -recuerda Bengotxea-, escuchar a tenores en casa o en el coche e imitarlos, me hizo percatarme de que yo también podía intentarlo. Empecé a tomar clases de técnica vocal más en serio, sigo estudiando cada día y poco a poco van saliendo papeles pequeños en zarzuelas, secundarios en óperas, colaboraciones y recitales. Incluso llegué a estar tres años en un musical con los Golden Apple Quartet». La voz de Bengotxea es de tenor lírico-ligero, la más aguda entre las voces de hombre, lo que añadido a su experiencia como actor de doblaje le hacen un candidato perfecto para papeles cómicos, en los que tan importante es saber cantar como decir el texto con la intención adecuada. «Me ha ayudado mucho encontrar analogías con el doblaje -explica el tenor-. Pensar que, al fin y al cabo, lo uno y lo otro son dos caras de las misma moneda, que consiste en la efectividad con que dices las cosas. Aunque el canto lírico, obviamente, es mucho más entonado». M.C.