Dientes de leche
Ganar a los puntos en el fútbol, a diferencia de lo que sucede en el boxeo, no sirve para nada. A lo sumo, como asidero al que agarrarse tras una derrota tan dolorosa como la de Anoeta. En un primer vistazo al partido se puede afirmar que el Athletic jugó `mejor' -si es que un término tan etéreo tiene sentido en el fútbol-, fue más valiente en su propuesta, salió a por el partido, tuvo la pelota, y trató de atacar, con mas docilidad que un corderillo, eso sí, por tierra, mar y aire.
Si nos detenemos dos minutos a analizar el devenir del derbi, en cambio, nos daremos cuenta de que en el choque de estilos, la Real, con su pequeño homenaje al recientemente fallecido José María Maguregi, y una propuesta muy rácana basada en el repliegue intensivo, contraataque y tentetieso con sus dos hombres bala, tuvo el partido bajo control en todo momento, ante un Athletic cuyas ideas se iban marchitando a medida que se acercaba a la trinchera rival. Y sucedió así porque de los cuatro atacantes rojiblancos, tan solo Iker Muniain estuvo a la altura. Del resto, apenas se puede decir nada bueno: Susaeta estuvo desaparecido, Aduriz desasistido y lento a partes iguales, y Ander Herrera volvió a abrir el debate de a qué nos referimos cuando hablamos del jugador zaragozano.
Reconozco que en este tema mantengo una prudente equidistancia: ni comparto las críticas desmesuradas de quienes le clavarían una pica cada vez que falla un tacón, ni participo de la defensa a ultranza de quienes justifican penosas actuaciones como la del derbi bajo el paraguas de que `siempre lo intenta'.
Si Ander tiene el nivel que demostró en su primera temporada en el Athletic, intentarlo no le exime de recibir algunas críticas más que merecidas: es cierto que los libretos de Valverde y Bielsa son distintos, pero también lo es que en ambos casos el rol de Ander se justifica si es el ingeniero que guíe las maniobras en ataque, y en la última temporada y media, atendiendo a las estadísticas, Ander ni asiste ni marca.
Y llámenme loco, pero si comparamos sus números con los de Cesc, Silva, Mata etc, la comparación resulta sonrojante. Aunque a lo mejor ahí radique la clave de por qué no comparte vestuario con alguno de ellos: donde los citados tienen colmillos, Herrera, al igual que el resto del equipo, tiene dientes de leche.

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