MIKEL INSAUSTI
CRíTICA: «Kënu»

¿De dónde vienen los cayucos?

La mirada occidental sobre África siempre resulta discutible, porque la barrera que separa el colonialismo de la cooperación es tan fina que, aunque se quiera ser objetivo, se acaba cruzándola por un lado o por otro. Luego está el problema del paternalismo generalizado, porque siempre que se rueda alguna película europea en un país del Continente Negro se pone por delante lo de «bienintencionada». Nadie duda de las buenas intenciones de la productora andaluza Jaleo Films a la hora de embarcarse en una aventura rumbo a Senegal, pero estamos hablando de cine y no de labor social.

Arantza Álvarez Pastor, Licenciada en Ciencias Políticas, presentó su ópera prima cinematográfica «Kënu» en el Festival de Sevilla, pero la fría recepción crítica no ayudó a que tuviera una pronta y normal distribución. La realizadora debutante parte, no obstante, de un planteamiento interesante. Quiere dar una respuesta con su película a la simple pregunta: «¿de dónde vienen los cayucos?». Para saberlo va a uno de los puntos de los que procede la inmigración, pero en lugar de buscar el origen geográfico y cultural del problema a través del documental o del cine verista, opta por una ficción dramatizada de un modo no lo suficientemente convincente.

Sí que la protagonista blanca, una joven cooperante que trabaja para una ONG interpretada por Leticia Dolera, intenta comprender la situación del pueblo pesquero de la costa senegalesa al que llega. Ahora bien, su percepción peca de ingenuidad, ya que sus pasos son torpes y en compañía de un niño nativo, que por las circunstancias duras de su entorno ha tenido que madurar más rápido que su amiga extranjera. En cualquier caso no constituyen el tipo de pareja llamada a enfrentarse a la corrupción local, por lo que su lucha contra el mafioso llamado Mamadou responde a los tópicos de la aventura descontextualizada.

Y es que ese matón de pueblo se supone que tiene las espaldas bien cubiertas por un sistema político bananero, donde el dinero doblega las voluntades. El único patrimonio del lugar es un viejo cañón portugués en venta para el mejor postor.